Confesión de Fe de la UEBE

Las declaraciones de fe protegen las preciosas verdades que constituyen el centro del evangelio para los cristianos. Son necesarias, entre otras razones, para promover la unidad de la iglesia, para la proclamación y defensa de la Verdad, para el mantenimiento del orden en la iglesia, para evaluar a los ministros de la Palabra, para darnos un sentido de continuidad histórica.

EL DIOS VERDADERO

 

Creemos que las Escrituras  enseñan que hay un Dios viviente y verdadero, y solamente éste, Espíritu infinito e inteligente, cuyo nombre es JEHOVA (YO SOY), Hacedor y Arbitro Supremo del cielo y de la tierra ( 1 ) , indeciblemente glorioso en santidad ( 2 ) , y merecedor de toda la honra, confianza y amor posibles ( 3 ) ; que en la unidad de la Divinidad existen tres personas que son: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo ( 4 ) ; iguales éstos en toda perfección divina,  desempeñan oficios distintos,  pero que armonizan, en la grande obra de la redención.

(1) Jn.4:24; Sal.83:18; Heb.3:4; Ro.1:20; Jer.10:10.
(2) Ex.15:11; Isa.6:3; I P.1.15; Ap.4:6,8.
(3) Mr.12:30; Ap.4:11; Mt.10:37; Jer.2:12,13.
(4) Mt.28:19; Jn.15:26; I Co. 12:4,6
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LAS ESCRITURAS

 

Creemos que la Santa Biblia fue escrita por hombres divinamente inspirados, y que es tesoro perfecto  de instrucción celestial ( 1 ) ; que tiene a  Dios por autor, por objeto la salvación, y por contenido la verdad sin  mezcla de error ( 2 ) ;  que revela los principios según los cuales  Dios nos juzgará ( 3 )  siendo por  lo mismo,  y habiendo de serlo  hasta la consumación de  los siglos, centro verdadero de la unión cristiana, y norma suprema a la cual se debe  sujetar  todo juicio  que se  forme de la  conducta, las  creencias y las opiniones humanas.

(1) 2 Ti. 3:16-17; 2 P. 1:21; 2 S.23:2; Hch. 1:16
(2) Pr. 30:5-6; Jn 17:17; Ro.3:4; Ap. 22:18, 19
(3) Ro. 2:12; Jn.12:47, 48; I Co. 4:3; Lc.10:10, 16; 12:47, 48.

LA CAIDA DEL HOMBRE

 

Creemos que Las Escrituras enseñan que el hombre fue creado en santidad, sujeto a la ley de su Hacedor ( 1 ) ;  pero que por la trasgresión  voluntaria cayó de aquel  estado santo y feliz ( 2 ) ; por cuya causa todo el género humano es ahora pecador ( 3 ) , no por fuerza,  sino por su voluntad;  hallándose por naturaleza enteramente desprovisto de la santidad que requiere la ley de Dios, positivamente inclinado a lo malo, y por lo mismo bajo justa condenación ( 4 ) , sin defensa ni disculpa que le valga ( 5 ).

(1) Gn. 1:27, 31; 2:16; Ec. 7:29; Hch. 17:26.
(2) Gn. 3:6-24; Ro. 5:12.
(3) Ro. 5:15-19; Jn. 3:6; Sal. 51:5.
(4) Ef. 2:3.
(5) Ez. 18:19,20; Ro. 1:20; 3:19; Gá. 3:22.

EL CAMINO DE SALVACIÓN

 

Creemos que las Escrituras enseñan  que la salvación de los pecadores es puramente gratuita ( 1 ) , en virtud de la obra intercesora del Hijo de Dios ( 2 ) ; quien cumpliendo la voluntad del Padre, se hizo hombre,  pero exento de pecado ( 3 ) ;  honró la ley divina con su obediencia personal, y con su muerte dio plena satisfacción por nuestros pecados ( 4 ) , resucitó después de entre los muertos, y desde entonces se entronizó en los cielos; que reúne en Su persona admirabilísima las simpatías tiernas y las  perfecciones divinas, teniendo así por todos estos motivos las cualidades  que requiere un Salvador idóneo, compasivo y omnipotente ( 5) .

(1) Ef. 2:5; Mt. 18:11, 1 Jn. 4:10; 1 Co. 3:5-7; Hch. 15:11.
(2) Jn. 3:16.
(3) Fil. 2:6-7.
(4) Is. 53:4,5.
(5) Hch. 7:25; Col. 2:9.

LA JUSTIFICACIÓN

 

Creemos que las Escrituras  enseñan que la justificación es el gran bien evangélico  que asegura Cristo(1) ,  a los que en El tengan fe ( 2 ) ; que esta justificación incluye el perdón del pecado ( 3 ) ,  y el don de la vida eterna de acuerdo con los principios de la justicia; quien da esta justificación exclusivamente mediante la fe en El,  y no por consideración de ninguna obra de justicia que hagamos; imputándonos Dios gratuita-mente mediante esta fe la justicia perfecta de Cristo ( 4 ) ; que nos introduce a un estado altamente bienaventurado de paz y de favor con Dios, y ahora y para siempre hace  nuestros todos los demás bienes  que hubiéramos menester ( 5 ) .

(1) Jn, 1:16; Ef. 3:8.
(2) Hch. 13:39; Ro. 5:1.
(3) Ro. 5.9, Zac. 13.1; Mat. 9:6; Hch. 10:43.
(4) Ro. 5:19; 3:24-26; 4:23-26.
(5) Ro. 5:1,2.

LA REGENERACIÓN

 

Creemos que Las  Escrituras enseñan que  para ser salvo hay que ser regenerado o sea nacer de nuevo ( 1) ; que consiste la regeneración en comunicar al alma el carácter santo ( 2 ) ; que el poder del Espíritu  Santo en unión de la verdad divina ( 3 ) ,  efectúa la regeneración de una manera que no está al  alcance de nuestra inteligencia, consiguiéndose así que voluntariamente obedezcamos el evangelio ( 4 ) ; y se ve evidencia realmente en los santos frutos de arrepentimiento, fe y novedad de vida ( 5 ) .

(1) Jn. 3:3,6,7; Ap. 7:13,14; 21:27.
(2) 2 Co. 5:17; Ez. 36:26; Dt. 30;6; Ro. 2:28,29.
(3) Jn, 3:8; 1:13; Stg. 1:16-18; 1 Co. 1:30; Fil. 2:13.
(4) 1 P. 1:22,23; 1 Jn. 5:1; Ef. 4:20-24; Col. 3:11.
(5) Ef. 3:14-21, 5:9; Ro. 8:9; Gá. 5:16-23; Mt. 3:8-10; 7:20; 1 Jn. 5:4, 18.

EL ARREPENTIMIENTO Y LA FE

 

Creemos que Las Escrituras enseñan que son deberes sagrados el arrepentimiento y la fe,  y asimismo que son gracias inseparables, labradas en el alma por el Espíritu Regenerador Divino ( 1 ) ; mediante las cuales, profundamente convencidos de nuestra culpa, de nuestro peligro y de nuestra impotencia, como también de lo referente al camino de salvación mediante Cristo ( 2 ) ,  nos volvemos hacia Dios sinceramente contritos,  confesándonos con El e implorando Su misericordia; cordialmente reconociendo, a la vez, al Señor Jesucristo como Profeta, Sacerdote y Rey nuestro, en quien exclusivamente confiamos en calidad de Salvador  único y omnipotente ( 3 ) .

(1) Mr. 1:15; Hch. 11:18; Ef. 2:8; I Jn. 5:1.
(2) Jn. 16.8; Hch. 2:38; 16:30,31.
(3) Ro. 10:9-11; Hch. 3:22, 23; He. 4:14

EL PROPÓSITO DE LA GRACIA DIVINA

 

Creemos que Las Escrituras enseñan que la elección es aquel propósito eterno de Dios según el cual  misericordiosamente regenera, santifica y salva a los pecadores ( 1 ) ; que por ser este propósito perfectamente consecuente con el albedrío humano, abarca todos los medios junto con el fin ( 2 ) ; que sirve de manifestación gloriosísima de la soberana bondad divina ( 3 ) ; que absolutamente excluye la jactancia, promoviendo humildad ( 4 ) ; que estimula al uso de los medios; que puede conocerse viendo sus efectos en todos los que realmente reciben a Cristo ( 5 ) ; que es fundamento de la seguridad cristiana; y que cerciorarnos de esto, por lo que concierne personalmente, exige y merece suma diligencia de nuestra parte ( 6 ) .

(1)  2 Ti. 1:8,9.
(2)  2 Ts. 2:13,14.
(3)  1 Cr. 4:7; 1:26-31; Ro. 3:27.
(4)  2 Ti. 2:10; 1 Co. 9:22; Ro. 8:28; 3O.
(5)  1 Ts. 1:4.
(6) 2 P. 1:10,11; Fil. 3:12; He. 6:11.

LA SANTIFICACIÓN

 

Creemos que Las Escrituras enseñan que la santificación es aquel procedimiento mediante el cual se nos hace partícipes de la santidad de Dios, según la voluntad de Este ( 1 ) ; que es obra progresiva ( 2 ) , que principia con la regeneración; que la desarrolla en el corazón fiel la presencia y el poder del Santo Espíritu, Sellador y Consolador, empleándose continuamente los medios señalados, sobre todo, la Palabra de Dios, y también el examen  propio, la abnegación,  la vigilancia y la oración ( 3 ),  practicando todo ejercicio y cumpliendo todo deber piadoso ( 4 ) .

(1) Ts. 4:3; 5.23; 2 Co. 7.1, 13:9; Ef. 1:4
(2) Pr. 4:18.
(3) Fil. 2:12; Ef. 4:11,12; 1 P. 2:2; 2 P. 3:18; 2 Co. 13:5; Lc. 11:35;  9:23; Mt. 26:41; Ef. 6:18; 4:30.
(4) 1 Ti. 4:7.

LA PERSEVERANCIA DE LOS SANTOS

 

Creemos que Las Escrituras enseñan que los verdaderos regenerados,  los nacidos del Espíritu,  no apostatarán  para perecer irremediablemente, sino que permanecerán hasta el fin ( 1 ) ; que su adhesión perseverante a Cristo es la señal notable  que los distingue de los que superficialmente hacen profesión (2 ) que por el bien de ellos vela la Providencia especial ( 3 ) ;y que son custodiados por el poder de Dios para la salvación mediante la fe ( 4 )

(1)  I Jn. 8:31; 2:27,28;
(2)  I Jn. 2:19.
(3) Ro. 8:28; Mt. 6:30-33;Jer. 32:40.
(4) Fil. 1:6; 2:12,13.

LA LEY Y EL EVANGELIO

 

Creemos que Las Escrituras enseñan que la Ley de Dios es la norma eterna e invariable de Su gobierno moral ( 1 ) , que es santa, justa y buena ( 2 ) ; que la única causa de la incapacidad para cumplir los preceptos de ella, atribuida por las Escrituras al hombre caído, es la naturaleza pecaminosa de éste ( 3 ) , libertarnos de la cual,  y restituirnos mediante  Intercesor a la  obediencia de la Santa Ley,  es uno de  los principales  objetos propuestos  en el evangelio, y también de los medios de  gracia relacionados con el establecimiento de la iglesia ( 4 ) .

(1) Ro. 3:31; Mt. 5:17; Lc. 16:17; Ro. 3:20; 4:15.
(2) Ro. 7:12; 7:7,14,22; Gá. 3:21; Sal. 119.
(3) Ro. 8:7,8.
(4) Ro. 8:2-4.

UNA IGLESIA EVANGELICA

 

Creemos que Las Escrituras enseñan que una iglesia de Cristo es una agrupación de fieles bautizados ( 1) , asociados mediante pacto en fe y la comunión del evangelio ( 2 );  la cual practica las ordenanzas de Cristo ( 3 ); es gobernada por las leyes de éste (  4 ); y ejerce los dones, derechos y privilegios que a ella  otorga la palabra del mismo ( 5 ); y cuyos únicos oficiales bíblicos son el pastor u obispo, y los diáconos( 6) ; estando definidos los requisitos,  derechos y obligaciones de estos oficiales en las epístolas de Pablo a Timoteo y Tito.

(1) Hch. 2:41-42.
(2) 2 Co. 8:5.
(3)  1 Co. 11:2
(4) Mt. 28:20; Jn. 14:15.
(5) I Co. 14:12.
(6) Fil.1:1; Hch. 14:23; 15:22; I Ti. 3:1; Tit. 1.

EL BAUTISMO CRISTIANO

 

Creemos que las Escrituras enseñan que el Bautismo cristiano es la inmersión en agua del que  tenga fe en Cristo ( 1 ) ; hecha en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo ( 2 ) , a fin de proclamar, mediante su emblema hermoso, esta fe en el Salvador crucificado, sepultado y resucitado, y también el efecto de la misma fe, a saber,  la muerte al pecado  y la  resurrección  a nueva vida del fiel ( 3 ) , y que el bautismo es requisito previo para los privilegios de la relación eclesiástica como por ejemplo, la Cena del Señor ( 4 ) .

(1) Hch. 8:36-39; Mt. 3:5,6; Jn. 3:22, 23; 4:1,2; Mt. 28:19.
(2) Mt. 28:19; Hch. 10:47,48; Gá. 3:27:28.
(3) Ro. 6:4; Col. 2:12.
(4) Hch. 2:41; Mt. 28:19,20

EL CARÁCTER GRATUITO DE LA SALVACIÓN

 

Creemos que  las Escrituras enseñan que  el Evangelio franquea  todos  los bienes de la salvación ( 1 ) ;  que es deber de todos aceptarlos inmediatamente con fe cordial,  arrepentimiento  y obediencia ( 2 ) ;  y que el único  obstáculo para  la salvación del peor pecador de la tierra es la perversidad de éste, y su repulsa voluntaria del evangelio ( 3 ) ,  repulsa que le acarrea condenación agravada ( 4 ) .

(1) Is. 55:1; Ap. 22:17.
(2) Hch. 17:30; Ro. 16:26; Mr. 1:15-17.
(3) Jn. 5:40; Mt. 23:37; Ro. 9:31,32.
(4) Jn. 3:19; Mt. 11:20; Lc. 19:27; 2 Ts. 1:8.

La Cena del Señor

 

Creemos que Las Escrituras enseñan que la cena del Señor es cierta provisión de pan y vino, que representa el Cuerpo y la Sangre de Cristo, y que de ella participan los miembros de la iglesia reunidos para el efecto ( 1 ) , conmemorando así la muerte de su Señor ( 2 ) , proclamando la fe que le tienen, su participación en los merecimientos de Su sacrificio, su necesidad de que les suministre vida y  nutrimento espirituales ( 3 ) ,  y su esperanza  de la vida eterna en virtud de la resurrección de Cristo de  entre los muertos; y que debe preceder a su observancia el examen detenido de sí propio por cada partícipe ( 4 ) .

(1) Lc. 22:19, 20; Mr. 14:20-26; Mt.26:27-30; I Co.11:27- 30; 10:16.
(2) I Co. 11:26; Mt. 28:20.
(3) Jn. 6:35,54,56.
(4) I Co. 11:28.

EL DIA DEL SEÑOR

 

 Creemos que Las Escrituras enseñan  que es Día del Señor el primero de la semana ( 1 ) , y que se le ha de consagrar a los fines religiosos ( 2 ) , absteniéndose el cristiano de todo trabajo secular que no sea obra  de misericordia y necesidad ( 3 ) , valiéndose con devoción de todos los medios de gracia, privados y públicos ( 4 ) y preparándose así para “el descanso que le queda al pueblo de Dios”.

(1) Hch. 20:7.
(2) Ex. 20:8; Ap. 1:10; Sal. 118:24.
(3) Hch, 5:29; Mt. 10:28; Dn. 3:15-18; 10; Hch. 4:18-20
(4) He. 10:24, 25; Hch. 13:44.

EL GOBIERNO CIVIL

 

Creemos que  Las Escrituras enseñan  que existe el gobierno civil por disposición divina, para los intereses y el buen orden de la sociedad humana ( 1 ) ; y que debemos orar por los magistrados honrándolos en conciencia y obedeciéndoles ( 2 ) ,salvo en cosas que sean opuestas a la voluntad de nuestro Señor Jesucristo ( 3 ) , único dueño de la conciencia y príncipe de los reyes de la tierra ( 4 ) .

(1) Ro. 13:7.
(2) Mt. 22:21; Tit 3:1; I P.2:13; I Ti. 2:1-8.
(3) Hch. 5:29; Mt. 10:28; Dn. 3:15-18, Hch. 4:18-20.
(4) Mt. 23:10; Ap. 19:16; Sal. 72:11; Sal. 2; Ro.14:9-12.

LOS JUSTOS Y LOS IMPIOS

 

Creemos que  Las Escrituras enseñan que hay diferencia radical y esencial entre los justos y los  impíos (1 ) , que en la estimación de Dios  no hay justos verdaderos  aparte de los regenerados; éstos han sido  justificados mediante la fe en Jesucristo,  y santificados por el Espíritu Divino ( 2 ) ; que, a los ojos  de Dios, son impíos y malditos cuantos sigan impenitentes e incrédulos ( 3 ) ; y que es permanente esta diferencia entre unos y otros al morir y después de la muerte ( 4 ) .

(1) Mal. 3:18; Pr. 12:26; Is. 5:20; Gn. 18:23; Jer. 15:19;Hch. 10:34,35. Ro. 6:16.
(2) Ro. 1:17; I Jn. 3:7; Ro. 6:18,22; 1 Co. 11:32; Pr. 11:31; 1 Pe. 4:17-18.
(3) 1 Jn. 5:19; Gal. 3:10 ; Jn. 3:36; Isa. 58:13-14; 56:2-8; Sal. 10:4.
(4) Pr. 14:32; 10:24; Lc. 16:25; Jn.8:21-24; Lc. 12:4,5; 11:23-26. Jn. 12:25-36; Ec. 3:17.

EL MUNDO VENIDERO

 

 Creemos que Las Escrituras  enseñan que se acerca el fin de este mundo ( 1 ) ; que en el día postrero Cristo descenderá del cielo ( 2 ),   y levantará los muertos del sepulcro para que reciban su retribución final ( 3 ); que entonces se verificará una separación solemne ( 4 ); que los impíos serán sentenciados al castigo eterno, y los justos al gozo sin fin ( 5 ); y que este juicio determinará para siempre, sobre los principios de la justicia,  el estado final de los hombres, en el cielo o en el infierno ( 6) .

(1) I P. 4:7; I Co. 7:29-31; He. l:10-12; Mt. 24:35.
(2) Hch. 1:11.
(3) Hch. 24:15; I Co. 15:12-58; Lc. 14:14; Dn. l2:2.
(4) Mt. 13:49; 37-43; 24:30,31; 25:31-33.
(5) Mt. 25:31-46; Ap. 22:11; I Co. 6:9-10; Mr. 9:43-48.
(6) 2 Ts. 1:6-12; He. 6:1,2; I Co. 4:5; Hch. 17:31; Ro. 2:2-16; I Jn. 2:28; 4:17; 2 P. 3:11,12.