Por David Dixon
Con este tema estamos tocando el nervio de nuestra fe, la fibra sensible de nuestra Unión. Nuestra postura sobre este tema decidirá el futuro de nuestras iglesias y Unión. Hoy más que nunca, la “diversidad hermenéutica” pone presión sobre la iglesia para que afloje su compromiso con las Escrituras como fiable revelación de la Persona y Voluntad de Dios. Los libros que salen a la venta hoy en día nos dicen mucho: Losing our Religion (2023, Russell Moore). Dice este autor (ex-bautista) que el cristianismo evangélico norteamericano ha perdido el rumbo; el testimonio de la iglesia ante el mundo ha disminuido hasta quedarse irreconocible. Por tanto, llama a los cristianos a una “reconversión” en lugar de las guerras culturales. Otro título sale más cerca de casa: Por qué los hijos de creyentes abandonan la iglesia (2015, Sergio Martín). Nos advierte de esta “fuga” desde hace ocho años, cuando ya llevaba tiempo sucediendo. Un último título, de Ricardo Moreno Castillo, La Conjura de los Ignorantes (2016): desde la reforma educativa del año 1990, dice este educador, “los niveles de conocimiento de los alumnos caen en picado y el mal comportamiento en las aulas sube como la espuma.” Somos testigos de una crisis de conocimiento que nos sobreviene en todos los ámbitos, incluyendo la iglesia. Se trata de un movimiento degenerativo social que promueve también la tendencia a aflojar el compromiso con la Palabra y su autoridad entre iglesias cristianas. Así que, ¿seremos más flexibles o más rígidos? ¿Como policías poniendo multas a quienes no se adhieran al pie de la letra de una interpretación oficial UEBE? O ¿iremos al otro extremo, dejando pasar cualquier barbaridad de doctrina y práctica por amor a la “tolerancia” de opiniones diversas? ¡Qué complejo! ¿Cómo gestionaremos este asunto tan delicado como urgente?
El mayor peligro que afrontamos, como seguidores de Jesucristo y como iglesias, es el de un flojo compromiso práctico con la Palabra, que en nuestras manos, puede perder el impacto de su doble filo. Este peligro cubre la gama de errores hermenéuticos; hoy la diversidad y el pluralismo están en auge, de moda. ¿Acaso los bautistas UEBE nos quedaremos “desfasados”? (¡Cuán crítico este momento de nuestra historia!) Los protagonistas y antagonistas del Nuevo Testamento ya nos informan: los fariseos, por un lado – con su legalismo, rizando el rizo, intentando usar la Palabra contra Su Autor – y por otro lado, los saduceos – los “pensadores libres” de su día, religiosos incrédulos, intentando usar la religión para su propia conveniencia. ¿Cómo no vamos a experimentar las mismas tensiones que aquellos grupos? Porque el equilibrio nunca ha sido el fuerte de los pecadores: intentando ser santos, terminamos como fariseos; intentando ser generosos o de pensamiento abierto, terminamos con los saduceos. Vamos oscilando entre puntillosos y laxos. Sólo Jesucristo permanece equilibrado a la perfección – lo que en su día resultó tan insoportable para unos como para otros, que terminaron poniéndose de acuerdo entre sí con el fin de matarlo juntos.
Jesús más que nadie entendía que nuestro problema principal no era una cuestión legal sino relacional, de modo que el remedio también tendría que ser relacional: amaría a Su Padre con todo Su ser, y amaría a Su prójimo como a Sí mismo, lo cual llevaría a su máxima expresión en la cruz – ¡el único que amó así en toda la historia! Por eso, Él mismo es nuestra única salvación, único remedio a nuestras múltiples tensiones.
¿Cómo afrontar el reto que tenemos delante si nuestro uso actual de la “Espada” prácticamente ya no despierta vocaciones entre los bautistas oriundos de España? … ¿Y si nuestro manejo de la Espada no convierte las almas, no transforma las vidas, no restaura matrimonios y familias, ni impacta la sociedad, ni orienta a nuestros jóvenes ni les mueve la tripa? ¡Son retos inquietantes que deberían impulsarnos a nuestras rodillas! No quiero ser “pájaro de mal agüero,” pero la misma Palabra nos advierte que en los postreros días vendrán tiempos difíciles, de un desmadre en valores humanos (2 Tim. 3-4). El problema no es con la Espada, sino con nuestro manejo de ella, porque la Espada de la Palabra siempre seguirá cortando – la cuestión es si tú y yo aprenderemos a “cortar recto” con ella (2 Tim. 2:15): “obrero aprobado que usa bien la palabra de verdad…”
Lo cierto es que una versión “lite” del evangelio que cada vez más se ofrece desde muchos sectores, no rescatará esta nación de manos de los ideólogos que la han tomado por asalto, ni transformará esta cultura decadente. Y la sociedad está penetrando a la iglesia con sus ideas mucho más rápido de lo que la iglesia logra penetrar la sociedad con el evangelio. Las estadísticas de la España actual dicen, según la Fundación Ferrer i Guardia (2023), que el 15,2% de los españoles ya se declaran ateístas, 11,8% agnósticos, 12,3% indiferentes, lo que da un total de 39,3%, tendencia que sigue en aumento. Teníamos que estar en campaña perpetua en nuestras iglesias promoviendo la lectura de ¡la Palabra que nunca conocieron!
¿Cómo inspirar confianza en esta Palabra de Dios como “espada de doble filo” frente a las corrientes actuales, especialmente entre las nuevas generaciones? ¿Cómo captar sus imaginaciones con la gloria del Evangelio en medio de una cultura entregada a lo virtual y superficial? ¿Cómo hacerles sentir el gozo de ser transmisores del Reino de Cristo? Entiendo que sólo una visión más profunda de nuestro Salvador y Su obra en la cruz tiene la capacidad de rescatar a las generaciones venideras, de liberar sus imaginaciones cautivas, y de provocar el reseteo que tan urgentemente necesita la iglesia hoy.
La Espada de doble filo es Jesucristo mismo, y sólo esa Espada podrá salvarnos del torrente que se nos avecina. En el libro The New Leviathans (2023), filósofo ateísta británico John Gray reconoce que históricamente el cristianismo ha sido el ancla de las sociedades libres de Occidente. Pero ya que todas se están “desconvirtiendo,” se pregunta, ¿qué les va a pasar? Lo que ve en su futuro es descomposición social y caos moral. Sin duda, la erosión de nuestra civilización continuará acelerando. Pero no hace falta caer en el pesimismo, porque Gray no cuenta con la visión de Dios; en su perspectiva no existe ni esperanza ni redención. ¿Acaso creeremos en la verdad de esta Espada para hacer de nosotros agentes de orden y bendición en tiempos de caos moral? ¿Creeremos en el poder de la Espada para salvarnos del tribalismo, incluso entre nosotros? Ya toca aunar fuerzas a pesar de nuestras diferencias; doblar rodillas juntos sin prestar mayor atención a nuestras discrepancias en asuntos secundarios; buscar con ahínco el rostro del Señor, por si decide una vez más ¡mostrar Su misericordia sobre nuestras iglesias y sobre esta nación! La urgencia de la tormenta en el horizonte nos lo exige.
¿Cuál es esa Palabra que corta así? Cuando Dios descendió “a nuestro nivel” para enseñarnos Su amor en primera persona, a la humanidad se nos ocurrió aprovechar la ocasión para “ajustar cuentas” con Él dándole de bofetadas (¡lo que había en nuestros corazones!). Pero nuestro Creador simplemente puso la otra mejilla. Luego, en la cruz, cuando todo se puso más crudo, Jesús siguió poniendo la otra mejilla … ante la mayor injusticia de todos los tiempos. Pero al perdonarnos así, anulaba el decreto de todo lo que estaba escrito contra nosotros, y conquistaba al hombre fuerte; al declararnos absueltos de toda transgresión, derrotaba al adversario, despojándole de todas sus municiones con las cuales acusarnos. Los espectadores de la crucifixión no captaban esto, sino que consideraban a Jesucristo un desgraciado, cuando en realidad Él rebosaba de gracia, procurando con todo Su ser representar fielmente a Su Padre en las peores circunstancias; y como resultado, en Su debilidad se perfeccionaba Su poder para el cumplimiento de Su magna tarea … porque en esa cruz estaba desencajonando el universo … al rehusar someterse al príncipe de este mundo y a las demandas de Su propia carne, ¡por amor a un bien superior – el rescate de los rehenes!
Mientras colgaba allí entre el cielo y la tierra – el Dios desnudo, expuesto ante nosotros en toda Su gloria – así como nosotros también nos quedamos expuestos ante Él en toda nuestra miseria – estaba gobernando desde ese terrible trono terrenal, escribiendo el nuevo pacto con la humanidad con la tinta de su propia sangre, inaugurando una forma de vida completamente nueva en carne humana: la plenitud del Espíritu reinando en medio del bombardeo más feroz del enemigo. Así Jesús encarnaba el Reino de Dios sobre esa cruz, injertándolo en el tejido de la historia humana, viviéndolo hasta las últimas consecuencias bajo la peor prueba: con un amor perfecto por Su Padre, un amor perfecto por Sus semejantes, incluso mientras ellos se esforzaban al máximo por arruinarle.
“Considerad a aquel que sufrió tal hostilidad de pecadores contra sí mismo” – y aún nos siguió amando y perdonando – “para que no os canséis ni os desmayéis en medio de vuestras luchas.” ¡Esta es la Palabra de la Cruz … que en verdad es más cortante que cualquier espada de dos filos!

