Por Samuel Serrano

La filósofa y catedrática española Victoria Camps señalaba en una entrevista: “El individualismo ha hecho perder de vista que los individuos se necesitan unos a otros, lo que ha dado lugar a un concepto de libertad entendida solo como independencia, a sociedades atomizadas donde cada uno va a lo suyo”.i

Algunos pensadores apuntan a los frutos de esta filosofía individualista en la que estamos inmersos desde Descartesii, expresiones radicales de la misma como el narcisismo, el “culto al ego”, la búsqueda a ultranza de la total autonomía y satisfacción de los deseos del individuo. Todo ello termina por ser una justificación real para la competencia, la indiferencia social, el exclusivismo y el dejar de vivir en comunidad.iii

Efectivamente, todos los observadores sociales vienen a coincidir en que vivimos en la era del ego o del yoísmo, donde la exhibición de uno mismo, así como la presuntuosidad ha dejado de estar estigmatizada especialmente en las redes sociales. Vivimos en el imperio del interés personal, en una auténtica egocracia.iv Los psicólogos advierten: “Es el mal oculto del siglo XXI”.v

Muy por el contrario, la fe cristiana es una fe vivida en comunidad. Nuestro Dios, por la fe en Cristo, nos vincula unos a otros en una nueva humanidad, en un nuevo y único pueblo donde ya no existen fronteras de ningún tipo.vi Debe brillar en la nueva vida la fraternidad, la unidad, el amor, la generosidad, el servicio y la cooperación mutua para la gloria de Dios y testimonio a nuestro mundo. Jesús mismo oró por los creyentes antes de ascender al Calvario en estos términos: “Que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste”.vii

La pregunta que nos hacemos en este breve artículo es la siguiente: ¿Hubo en la estrategia misionera de Pablo un llamamiento a la interdependencia e interrelación de las iglesias que él levantó o a las cuales sirvió? ¿Se puede observar en la Historia de la expansión del cristianismo una colaboración mutua entre las comunidades de fe con un mismo propósito de misión? ¿Es el principio de la interdependencia algo nuevo o ya existió en la evangelización de la Iglesia Primitiva?

Al leer los Hechos de los Apóstoles, así como las Cartas Paulinas podemos observar ese sentir amplio de comunidad que trasciende incluso lo local y que vincula a las iglesias entre sí. Existe una unidad y cooperación entre ellas que hizo que la expansión de la fe cristiana llegara a ser más eficaz y de resultados insospechados y asombrosos, incluso contra todo pronóstico.

En definitiva, lo que observamos es una hermosa colaboración y armonía entre las distintas iglesias que Pablo fundó o a las cuales sirvió. Nos podemos preguntar sin más dilación: ¿En qué aspectos estaban unidas estas iglesias? Veamos aquí algunos de estos importantes aspectos:

Estaban unidas en un mismo llamamiento de parte de Dios en un mundo similar en complejidad y oportunidad

De manera asombrosa Dios preparó providencialmente el mundo del primer siglo para el día que envió al apóstol Pablo con el evangelio. Un mundo unido y relativamente estable bajo un imperio literalmente mundial quien impuso la pax romana, haciendo posible la expansión del cristianismo por las múltiples vías recién construidas. La cultura helénica con el griego como lengua universal común, así como su profundidad de pensamiento y la traducción de la Septuaginta fueron elementos que propiciaron el avance del mensaje cristiano tanto oral como posteriormente escrito.viii

También la diáspora judía con el establecimiento de las sinagogas por toda la geografía y su culto monoteísta sería una base para la predicación del evangelio y el futuro establecimiento de las iglesias por doquier. Los cultos de misterio propiciados por los paganos no están tan lejos de algunas nuevas espiritualidades como la Nueva Era o el ocultismo en el día de hoy.ix

En todo ese ambiente de oportunidad y reto es que el apóstol realiza su misión y las nuevas iglesias nacen y se desarrollan en un mismo propósito: andar como es digno de la vocación con que fueron llamadas, que sean para alabanza de la gloria de Dios, una comunidad de santos en medio de un mundo no santo, que crecen en todo siguiendo la verdad en amor conforme a Cristo.x

Estaban unidas en el conocimiento global de la Misión y en su testimonio ético de vida

La abundancia de saludos con los que Pablo finaliza algunas de sus epístolas nos ofrecen una mina de información para tratar de reflexionar en la expansión del cristianismo y la colaboración mutua entre las iglesias. Iglesias que, como bien sabemos, se reunían en las casas de los creyentes. Observamos efectivamente el conocimiento que éstas tenían unas de las otras, la interrelación y comunión viva entre ellas. Al respecto de lo dicho, vale la pena un análisis detenido de los textos paulinos.xi

También el buen testimonio de las iglesias era conocido entre unas y otras. Pablo subraya la gracia que se ha dado a las iglesias de Macedonia, o menciona agradecido el testimonio de la iglesia de Tesalónica el cual se ha expandido en toda la región de Macedonia y Acaya y más allá aún.xii

Estaban unidas en la colaboración misionera, preparación del liderazgo y avance del evangelio

Observamos otro importante aspecto de cooperación entre las iglesias en la colaboración misionera, la preparación del liderazgo y el avance del evangelio. La misión de Pablo no fue la de un llanero solitario, al contrario de ello, tuvo numerosos colaboradores y asistentes a lo largo de sus viajes misioneros. Las relaciones entre estos colaboradores, las iglesias y el mismo apóstol fue una abierta, fluida e intensa a lo largo de los años. Las epístolas mencionan por nombre muchos de estos hermosos y valiosos testimonios, tanto masculinos como femeninos: Bernabé, Silas, Lucas, Tíquico, Onésimo, Urbano, Timoteo, Epafrodito, Priscila y Aquila, Tercio, Aristarco, Marcos, Justo, Epafras, Tito, Febe, Andrónico, Junias, etc.xiii

Hoy igualmente se hace necesaria esta fluida comunicación y apoyo entre las iglesias, ese trabajo en equipo en cuanto a la preparación del liderazgo, así como el avance de la misión.

Estaban unidas en oración de intercesión unas por otras

Pablo fue un hombre de intensa oración, vivió sus días de rodillas buscando la presencia de Cristo e intercediendo por la obra misionera a la que estaba totalmente entregado en cuerpo y alma. Sus epístolas registran no pocas de sus oraciones por las iglesias, así como numerosos llamamientos a una vida de oración.xiv

Nos enseña Pablo la importancia y aún urgencia de la oración de intercesión, de unos por los otros en este tiempo actual y peligroso que vivimos. ¡Cuántos milagros más no veríamos si viviésemos nuestras vidas de rodillas! ¡Cuánto avance poderoso del Evangelio! ¡Cuántas victorias más en nuestras vidas e iglesias!

El mismo apóstol nos deja su solemne mandato: “Orad sin cesar”.xv

Estaban unidas en el kerygma y la doctrina apostólica

Hay un solo evangelio de Cristo, que es poder de Dios para salvación; una sola fe; un solo bautismo; un solo Señor; una sola proclamación; un solo testimonio de Dios; Jesucristo y éste crucificado y resucitado; una sola doctrina apostólica que toda iglesia cristiana comparte desde los inicios del cristianismo hasta el día de hoy. Este evangelio de la gracia proclamado en todo lugar es firme fundamento de la iglesia.xvi

En esta misma fe y proclamación estamos hoy unidas las iglesias del Señor. Unidas en la Palabra de Dios. ¡Cuidémonos de mensajes extraños al evangelio! ¡De novedades ilusorias! ¡De falsas doctrinas!

Estaban unidas en el amor fraternal

Uno de los teólogos más influyentes del siglo XX, Hans Urs von Balthasar, escribió un librito intitulado: “Sólo el amor es digno de fe”.xvii Efectivamente, así es. Se trata de la virtud insignia de la comunidad cristiana. Tal amor ha sido revelado en la cruz de Cristo y derramado en el corazón creyente por el Espíritu. Solamente este amor garantiza el todo de la realidad de Dios y del mundo, sin confusión ni separación.xviii

Tal como escribe el apóstol Pablo: “El amor nunca deja de ser”.xix De este amor escribe abundantemente en sus epístolas, exhortando a las iglesias de ayer y de hoy a vivirlo y demostrarlo en acogida, hospitalidad y comunión de vida.xx Solamente así, en palabras de Jesús, el mundo creerá que Él es el enviado de Dios.xxi

Estaban unidas en la mayordomía y las obras de misericordia

Debemos hoy recordar las palabras de Jesús, quien dijo que más bienaventurado es dar que recibir.xxii Así es que uno de los capítulos más ejemplares de cooperación y ayuda práctica entre las iglesias lo encontramos en esa ofrenda que levantaron numerosas iglesias para el auxilio de la comunidad de Jerusalén.xxiii

Las iglesias de Macedonia, más concretamente, llenas de la abundante gracia de Dios, aún en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y la profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad.xxiv Estas iglesias todavía hoy nos predican con su lejano ejemplo de generosidad y amor.

Estaban unidas en el sufrimiento por la causa de cristo

El apóstol Pablo, con su vida y testimonio, con sus escritos apostólicos, nos enseña sobre la necesidad de sufrir por la causa de Cristo, como discípulos e iglesias que seguimos las pisadas del Crucificado.xxv Una comunidad que persevera en el sufrimiento, mostrando así un testimonio brillante de paciencia en medio del mismo, será un excelente fermento donde se dará de forma natural el crecimiento de las iglesias.xxvi

Conclusión

Terminamos este artículo con un llamamiento al compromiso a favor de la unidad y la colaboración mutua entre las iglesias. Esta debe ser una notable señal de nuestra fe cristiana y de nuestro pueblo bautista. En un mundo cada vez más individualista, aprendemos de la Iglesia Primitiva y de la estrategia misionera de Pablo el valor de la unidad y la interdependencia entre las iglesias locales.

Iglesias unidas en un mismo llamamiento de parte de Dios en un mundo similar en complejidad y oportunidad; iglesias unidas en el conocimiento global de la misión y en su testimonio ético de vida; iglesias unidas en la colaboración misionera, preparación del liderazgo y avance del evangelio; iglesias unidas en oración de intercesión unas por otras; iglesias unidas en el kerigma y la doctrina apostólica; iglesias unidas en el amor fraternal; iglesias unidas en la mayordomía y obras de misericordia; iglesias unidas en el sufrimiento por causa de Cristo.

Oremos con Pablo: “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén”.xxvii

i Entrevista realizada a Victoria Camps Cervera por Pepa Castro para el Periódico Digital Astorga Redacción, 6 de septiembre 2015.

ii Tournier, Paul. De la soledad a la comunidad (Barcelona: Publicaciones Andamio, 1996), pág. 49-83.

iii Cassese, Giacomo. Comunión y comunidad: Introducción a la Espiritualidad cristiana. (Nashville: Abingdon Press, 2004), pp. 34-35.

iv Lapuente, Víctor. Decálogo del buen ciudadano (Barcelona: Ediciones Península, 2021), p.22.

v José María Robles. “La era del yoísmo: cómo el culto al ego nos ha vuelto insoportables”. Revista digital PAPEL, El Mundo. 17 Oct 2018.

vi Sal. 133; Jn. 10:16; Ef. 2:14; Gá. 3:28.

vii Jn. 17:21.

viii Valleskey, David J. El apóstol Pablo: Vida y estrategia misionera (Saint Luis: Editorial Concordia, 2010), pp. 7-24.

ix Green, Michael. La evangelización en la iglesia primitiva (Grand Rapids, Michigan: Nueva Creación, 1997), pp. 11-39.

x Ef. 1:12; 4:1.13-16; 1 Co. 1:2; Fil. 3:14.

xi 2 Co. 13:13; Ro. 16; 1 Co. 16:19; 2 Co. 9:1-2; Fil. 4:21-22; Col. 4:16.

xii 2 Co. 8:1-3; 1 Tes. 1:7-9.

xiii Ef. 6:21; Ro. 16:9.21; Hch. 15:40; 13:2; 16:1; 13:2; Col. 1:1; 4:7-13; 1 Co. 3:9; Gá. 2:1; Fil 2:19.25; 2 Ti. 4:19-21; Tit.3:12; Flm. 23-25.

xiv Ef. 1:15-23; 3:14-21; 6:18-20; Fil. 1:3-11.19; Col. 1:3-14; 1 Tes. 5:25; 2 Tes. 3.1-2

xv 1 Tes. 5:17.

xvi Ro. 1:16-17; 3:23-24.28; 5:21; 1 Co. 15:1-11; 1 Co. 2:1-5; Gá. 1:6-9; Ef. 2:8-9; 19-22; 4:1-6.11-16; 2 Ti. 2:19; 4:1-4.

xvii Balthasar, Hans Urs von. Sólo el amor es digno de fe (Madrid: Ediciones Sígueme, 2004).

xviii Ibíd., p. 9.

xix 1 Co. 13:8.

xx Ro. 12:10; 1 Co. 16:14; Ef. 4:2; 5:1-2; Col. 3:14; Gá. 5:6.14. 22-23.

xxi Juan 17:21.

xxii Hch. 20:35-36.

xxiii Gá. 6:2.10; 1 Co. 16:1-4; 2 Co. 8 y 9; Col. 3:12-14.

xxiv 2 Co. 8:1-2.

xxv Ro. 8:17.35-36; 2 Co. 1:7; 11:23; Fil. 3:10; 2 Ti. 2:12.

xxvi Kreider, Alan. La paciencia: el sorprendente fermento del cristianismo en el Imperio Romano (Salamanca: Ediciones Sígueme, 2017), pp. 9-13.

xxvii Ef. 3:20-21.

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