Por Donato Hernández, Presidente UEBE
“¡De vuelta!” No sé cuántas veces he escuchado esta expresión en este mes. Unos la acompañaban con una cara de resignación, otros con entusiasmo y otros con cautela y expectativas. Profesores, alumnos y familiares, cada uno con su realidad y su historia que justifica sus reacciones.
Quizás esta “vuelta al cole” podría interpretarse como una vuelta a la rutina, como un comienzo para desarrollar con ilusión y optimismo, proyectos, trabajos y retos. Dicho de otra forma, tras un tiempo de descanso y reflexión, siempre procede un tiempo de acción. Personalmente, he tenido suficiente quietud para poder reflexionar y encontrarme desde la “pausa” con mi Señor. Ha sido enriquecedor recibir tanta bendición, desde el momento de recogimiento he podido escuchar con claridad mensajes, reflexiones, estudios de la Palabra, etc. Y estoy convencido que Dios siempre nos habla con claridad en momentos de descanso en nuestras mentes y corazones. Puede ser en vacaciones, un fin de semana, un paréntesis en el trabajo, o bien, en tu devocional. Pero siempre nos quiere hablar cuando las prisas y el ritmo acelerado están ausentes.
No puedo saber qué tal ha sido tu descanso, pero te reto a tomar un tiempo para escuchar la voz de Dios. Es curioso que septiembre se ha vuelto el segundo ecuador del año. Me explico: partimos el año en diciembre y lo iniciamos en enero con numerosas buenas intenciones y propósitos. Ese es nuestro primer ecuador. Separa el año viejo del nuevo. Pero por el otro lado, agosto lo relacionamos como el fin del verano, del descanso. Y septiembre se convierte en el nuevo año escolar o académico. Una oportunidad para iniciar nuevas etapas profesionales, personales, etc.
Pues sí, iniciamos un nuevo curso, con nuevas iniciativas, sorpresas y proyectos. Descansamos, y estamos “de vuelta” a la rutina. Esto me recuerda momentos similares en las Escrituras. Permíteme recordarte al menos tres que explicarán esta reflexión, o por lo menos lo intentaré.
Muchos recordarán la historia de Moisés al huir de Egipto. Tras haber matado a un egipcio cuando este abusaba de un judío, huyó y se refugió en los montes donde experimento la calma desde la reflexión y preparación con Jetro, su futuro suegro. Este tiempo fue muy productivo, pues pudo experimentar la presencia del Señor en aquella archiconocida zarza ardiente. Recibió el llamado de bajar a la rutina y hablar con Faraón. ¿Recuerdas la historia? Seguro que sí. Como consecuencia, Dios usó a Moisés para una gran empresa, sacar a su pueblo de Egipto.
Por otra parte, podemos ver la historia de cómo Jonás, ante su negativa de obedecer a Dios, experimentó un gran encuentro con Él en las entrañas de aquel gran pez. Momento de pausa donde clamó a Dios y fue libre. Posteriormente, obedeció y predicó en Nínive.
Y, por último, el apóstol Pablo en el camino cerca de Damasco. Se encuentra con el Señor, y le abre los ojos espirituales, aunque pasa otro tiempo con los ojos velados, donde Dios trabaja en él. Le muestra la necesidad de prepararlo en un momento de desconexión, diríamos ahora.
En cada uno de los ejemplos, se refleja al menos dos detalles. Primeramente, se encontraron a solos con el Señor para conocerse más, para recibir enseñanza y preparación. No tanto académica sino espiritual. Dios les habló. Y otro aspecto a destacar, sus personalidades. Fueron equipados para un propósito y para ello fue necesario el trabajo del carácter. Dios está empeñado en trabajar nuestra, naturaleza y esta debe transformarse según él lo desea. Para ello, debemos experimentar situaciones diversas, unas predecibles,otras no, unas provocadas por nuestra voluntad y otras por la acción de nuestro entorno, pero serán oportunas para lograr ese fin. Importante herramienta para sus propósitos. Nuestra atención a su voz, determinará el alcance y desarrollo del propósito de nuestras vidas en este mundo.
Siempre hay un momento de subir al monte, como sucedió con los discípulos con Jesús, pero también hay un tiempo de bajarlo. Podemos ver el símil en nuestra Unión: campamentos, convenciones, congresos, encuentros espirituales, etc. Donde hemos sido edificados, terminan. Pero esto no quiere decir que la bendición se detenga, todo lo contrario, volver a la rutina siempre es una oportunidad para aplicar lo recibido, para bendecir tras la revisión personal.
Este verano he podido asistir, junto a mi familia, a nuestra gran Semana de Música y Adoración (SMA) bajo el lema “Palabra y Vida”. Pudimos compartir con distintas generaciones, músicos y realidades en un gran encuentro de una diversidad maravillosa. Ha sido un gran privilegio. Personas comprometidas, hermanos encantadores y asistentes con deseo de bendecir y ser bendecidos. En este contexto, he visto la actitud y aptitud de nuestra juventud. Debemos potenciar estos encuentros y retomar otros eventos donde puedan salir fortalecidos en un contexto óptimo para el crecimiento. Eso será extensible a nuestras iglesias y familias.
Tenemos muchas propuestas:congresos con el ministerio de Misiones Internacionales (MMII), Evangelización y misiones (MEM), formación de la UMMBE, encuentros de iglesias en Desarrollo (MID), Retiro de Pastores, nuestras Convenciones, hasta nuestras reuniones de Junta Directiva. Tenemos una gran oferta y os animo a participar de ellas.
En breve tendremos nuestra convención, del 16 al 19 de noviembre. Allí nos veremos y compartiremos un tiempo especial y único. No te pierdas este oasis en el desierto. Dios hablará por medio de su Palabra, como siempre lo ha hecho.

