El siglo XIX, con su avance de las misiones protestantes, nos ha llevado al inicio de la obra bautista en España hasta comienzos del XX. Regresamos en esta ocasión a aquel siglo para ver a otro destacado bautista.

Efectivamente Charles Haddon Spurgeon es conocido como el “príncipe de los predicadores” por su rica oratoria y mensajes impactantes, llenando grandes auditorios para escucharle. Sus sermones se editaron y tradujeron a distintos idiomas. Cuando murió en 1892 había predicado unos 3.600 mensajes y su obra alcanzaba los 49 tomos, al margen de artículos en revistas y periódicos. Sin duda, ha sido uno de los predicadores más reconocidos de la Edad Contemporánea.

Nació en 1834 en una población del condado de Essex en el Reino Unido. Su abuelo había sido pastor de una iglesia independiente de corte congregacionalista y puritano, ministerio que continuó el padre de Spurgeon. En este ambiente, que sin duda tuvo su influencia en el resto de sus días, creció durante su infancia. Sus biógrafos destacan asimismo la importancia que tuvo la lectura a los 6 años del libro “El progreso del peregrino” de John Bunyan. ¿Cómo llegó a integrarse en una iglesia bautista? El proceso comenzó, no sin el descontento de su madre, en su adolescencia. A los 15 años y por una circunstancia climatológica asistió a un culto dominical de una iglesia metodista: tras el mensaje, el predicador realizó un llamado y nuestro personaje, que se había sentido fuertemente tocado, entregó su vida a Cristo. A partir de ese momento y estudiando la Biblia, llegó al convencimiento de que el verdadero bautismo era de creyentes y por inmersión, por lo que unos meses después fue bautizado en una iglesia bautista de una población próxima.

Colaboró como maestro en una escuela dirigida por un creyente bautista y como ésta se trasladase a la ciudad de Cambridge, Spurgeon cambió también su residencia a esta población. Allí comenzó a congregarse en otra iglesia bautista que había tenido como pastor a uno de los grandes predicadores de aquel siglo, Robert Hall. Pronto comenzó a predicar tanto en casas particulares como en iglesias del entorno de Cambridge y su fama de buen predicador se extendió hasta tal punto que a los 18 años comenzó su ministerio pastoral, al ser llamado por una congregación en la pequeña población de Waterbeach, próxima a Cambridge. Pero no concluyó ahí ya que, al año siguiente, con 19 años, fue invitado a predicar en una iglesia de Southwark, en el área metropolitana de Londres, donde poco después se le ofreció y aceptó el ministerio pastoral; ésta era en ese momento la congregación bautista de mayor membresía de la capital británica.

Desde entonces no dejó de crecer su fama como predicador. Ya para 1854 la sala de cultos de su iglesia no podía albergar a más personas por lo que se iniciaron las obras de ampliación. Pero cuando concluyeron y se inauguró el nuevo local, se observó que la ampliación se había quedado corta. Por ello se decidió construir un nuevo edificio con mayores dimensiones: el Tabernáculo Metropolitano. Se inauguró en 1861 (Spurgeon contaba entonces con 27 años) y tenía un aforo para más de 6.000 individuos, 5.500 sentados y otros 1.000 de pie. Refiriéndonos a su creciente fama, no hay que pasar por alto que en 1857 dio un mensaje en el Palacio de Cristal de Londres en el que se concentró algo más de 23.000 personas. Alguno se puede preguntar cómo era posible hablar ante semejantes aglomeraciones en un tiempo en el que no existía la megafonía; distintos escritos de la época hacen comentarios sobre la potencia y volumen de su voz, que alcanzaba a todos los oyentes: entendemos que, por otra parte, habría un silencio sepulcral entre los asistentes mientras Spurgeon compartía su sermón.

Cuando salía a predicar tan sólo llevaba un bosquejo del mensaje que iba a compartir y eran otros los que, mientras lo escuchaban, iban tomando notas para publicarlo posteriormente. De algunos de sus sermones se editaron tiradas de varios cientos de miles. Se ha dicho que nunca hizo llamamientos al final de la predicación, pero sí que invitaba a quienes se sintieran tocados o quisieran hablar con él, que acudieran a su despacho al día siguiente. Junto con la edición de sus sermones, también publicó libros de himnos y cánticos, así como promovió y colaboró en la redacción de diversas revistas y periódicos (The Sword and Trowell, The MetropolitanTabernacle Pulpit…). También publicó un buen número de libros (El Tesoro de la Casa de David -siete tomos-, El Evangelio del Reino…).

Su obra se extiende, además, por otras áreas. Junto con otros pastores de la ciudad fundó la Asociación Bautista de Londres; presidió una sociedad para la distribución de biblias y literatura bíblica que llegó a emplear a noventa personas. Fundó un Colegio Bíblico que tras su muerte se llamó el Colegio Spurgeon. Su preocupación por la infancia le llevó a crear un orfanato de niños en 1867 (Orfanato Stockwell) y unos años después otro de niñas; aunque perdura en la actualidad, fue destruido por los bombardeos sufridos en Londres durante la II Guerra Mundial. Colaboró con la labor misionera, aunque no fuese de la denominación bautista, siendo conocido su apoyo al ministerio de James Hudson Taylor en China. En cuanto a su pensamiento es reconocida su fuerte oposición a la esclavitud, de la que dio buena muestra durante la Guerra de Secesión norteamericana, considerando que no podía tener ningún tipo de comunión con quienes la defendían.

Finalmente, yendo ya a su ámbito familiar, se casó con Susannah en 1856 y de dicho matrimonio tuvo unos hijos gemelos, Charles y Thomas, de los cuales el segundo le sucedió en el ministerio pastoral del Tabernáculo tras su muerte en 1892. Esta última le sobrevino cuando tenía 57 años y su temprano fallecimiento se debió a un conjunto de enfermades que padecía (reumatismo, gota y enfermedad de Bright).

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