Por Tomás Téllez Ruíz

En 1989, Francis Fukuyama, pensador estadounidense-japonés, publicó un artículo de 16 páginas titulado «El Fin de la Historia», el cual se convirtió, tres años después, en el libro «El fin de la Historia y el último hombre».

La idea principal de Fukuyama es que el sistema liberal-capitalista era insuperable y, en consecuencia, era previsible su imposición en todo el mundo. Sostiene que, con la derrota del fascismo en la segunda guerra mundial y luego del comunismo en 1989, con la caída del muro de Berlín, ya no quedaban rivales serios a la democracia liberal. Valga aclarar que Fukuyama usa el término,» historia», en el sentido hegeliano restringido, como «Historia de la ideología», por lo que el fin de ésta no significa el fin de los acontecimientos mundiales, sino el fin de la evolución del pensamiento humano, con la victoria del liberalismo en el mundo de las ideas o de la conciencia. Las ideas de Fukuyama causaron mucho revuelo y, por supuesto, muchos apoyadores y muchos críticos.

Pero su idea del fin de la historia parece ser aceptada por moros y cristianos. La experiencia nos demuestra, día a día, que vivimos en un mundo donde todo tiene un comienzo y un fin; vemos que nada es eterno: todo lo que comienza, termina, tarde o temprano, tanto los dinosaurios, como la burbuja de jabón, inclusive la existencia del ser humano, una de las máximas expresiones de la vida.

Que habrá un fin de la historia es una idea que también aceptamos los cristianos; y lo hacemos así porque es una afirmación de la Palabra de Dios, la Santa Biblia, que, según uno de los principios Bautistas, es nuestra suprema norma de fe y conducta. Este fin de la historia humana y su expresión material la vemos con mucha claridad, entre otros libros bíblicos, en el libro de Apocalipsis o Revelación, donde se describe el fin del mal, del reinado humano de reyes, gobernantes y déspotas, en un mundo material y corruptible, para dar lugar a un nuevo cielo y una nueva tierra, de carácter incorruptible y eterno. Este nuevo reino estará bajo el gobierno directo de Dios en su Hijo Jesucristo, y caracterizado por el amor, la justicia, la paz y la fraternidad (Apoc. cap. 19 al 22).

7 siglos antes de que Cristo naciera, ya los profetas Isaías y Miqueas lo describían como un nuevo y diferente rey, con un reinado novedoso y divino (Isaías 9 y 11), con los sellos de Dios, porque el ser humano fue hecho por ese Dios, a la imagen y semejanza de él (Génesis 1:26,27). Por eso las características de ese reinado serían:

A) El amor, el principal atributo de Dios
B) La paz, el único elemento que nos permite vivir una vida de armonía, felicidad y convivencia.
C) La justicia, el elemento que se besa con la paz, para regular las sanas relaciones, según derecho, entre todos los seres y entre éstos y su hábitat.
D) La fraternidad, o convivencia pacífica, regida por el amor, el respeto y el deseo de bienestar de los unos por los otros.

La existencia y plenitud de la paz en esta nueva historia, no es de extrañarse, porque desde ya nos damos cuenta de que la paz es elemento medular para la vida, humana, animal, vegetal. Estamos diseñados para vivir en paz; ¿quién puede vivir entre la guerra, la violencia, el desasosiego? En cambio, vivir en paz nos trae estabilidad, salud, oportunidades para ser felices, en fin, para vivir una vida significativa, abundante, como dijo nuestro Señor Jesucristo, según San Juan 10:10. Por eso las iglesias cristianas, en fidelidad a los mandatos de Cristo y de su santa Palabra, priorizamos el paradigma de la paz como uno de los pilares fundamentales de nuestra misión evangelizadora, educando para la paz y resolviendo los conflictos de manera pacífica mediante el diálogo, el amor y la tolerancia. Líderes mundiales como Cristo, Martin Luther King, Nelson Mandela, la madre Teresa de Calcuta, etc., escogieron la paz, y hoy son campeones de los más elevados valores de la humanidad. Un gran pensador norteamericano, Noam Chomsky, ha señalado recientemente las cuatro graves amenazas que hoy penden sobre el planeta y sobre la especie humana:

La primera: El cambio climático, que amenaza con destruir la posibilidad de vivir, en un planeta sobrecalentado, con los miles de especies animales y vegetales que nos sostienen la vida, extinguiéndose, los incendios arrasando bosques y viviendas, y las sequías e inundaciones asolando en muchas zonas del planeta.

Segunda amenaza: las pandemias; solamente recordemos la peste española que mató entre 50 o 70 millones de personas en el siglo 18. La todavía actual, el Coronavirus que nos ha agobiado con millones de contagios y matado a más de un millón de personas.

Tercera amenaza: El deterioro de las democracias, que es decir el deterioro de la sensatez, la razón, el diálogo y la convivencia pacífica, conduciendo a nuestra, supuestamente inteligente especie, al despeñadero.

Cuarta amenaza: La devastación nuclear: hay cabezas nucleares suficientes para destruir nuestro planeta más de 10 veces (aunque posiblemente baste sólo una vez).

¿Significarán estas amenazas el verdadero fin de la historia? Dijo nuestro Señor Jesucristo que un reino dividido contra sí mismo no puede prevalecer (Mateo 12:25). El mundo está dividido entre oriente y occidente, con gravísimas tensiones al momento; entre el norte y el sur, con serios desequilibrios sociales, económicos y éticos. ¿Presenta esto buenas perspectivas para un futuro más prometedor?

El dicho popular dice lo mismo de otra manera: “La unión hace la fuerza.” En el mundo moderno, Alemania es un claro ejemplo de esto: en 30 años de unificación se han constituido en el país de Europa líder en los campos científicos y económicos.

Aunque los pensadores ven las amenazas de hoy en día venir desde el exterior, la Biblia nos revela que vienen de nuestro interior: del corazón humano, de donde brotan la ambición, el odio, la envidia, el deseo de poder y dominación, lo cual lleva a la violencia y la guerra y a que los caínes continúen segando la vida a los abeles (Santiago 4:1).

¿Quién puede transformar esa triste realidad? Solamente Dios, si nos hacemos asociados de Él en vivir en paz, en consenso y solidaridad. Reflexionemos y usemos nuestra inteligencia natural, antes de que la inteligencia artificial nos tipifique como incompatibles para habitar este planeta, para que demos fin a esta historia de confrontaciones, odio, desunión e inequidades, y nos unamos para escribir una nueva historia de sensatez, concordia, unidad, para poder avanzar hacia esa vida abundante.

Solamente así podremos estar en el fin último de la historia, esa historia de desencuentros, terror y muerte, para iniciar una nueva y maravillosa historia, bajo la égida del Dios de amor, cantando una nueva canción de eternidad, de paz y de felicidad.

Msc. Rev. Tomás Téllez Ruiz, Ex Secretario General de la Convención Bautista de Nicaragua, expresidente del Patronato Universitario y Vicerrector General de la Universidad Politécnica de Nicaragua

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