Por Jordi Torrents, periodista

Esta sección no es una sección. Aspira a ser, con toda la modestia del mundo, la continuación de aquellos artículos que el maestro Manuel López convertía en memorias, en lugares de trueque, de deseos, de recuerdos, de fotografía, de fe y de luz.  

Vaya por delante que Luz quiere beber de imágenes, de fotos que cuentan historias y salpican emociones. Reivindicaremos la imagen y el contenido frente al continente. No hablaremos de técnicas ni de cámaras. Hablaremos de miradas, de momentos y de historias. Quizá con frases torpes, pero siempre intentando hablar de esa luz que es la base de la imagen y de la fe.  

La primera imagen, y eso sonará poco humilde, es de un servidor. Una fotografía hecha hace diez años en Evinayong, Guinea Ecuatorial. Guinea es ese país con apellido, ese mosaico de color, vida y riqueza cultural y que para un servidor es el ejemplo más bonito sobre lo que son y lo que deben ser las misiones internacionales. No les voy a contar la larga historia de la UEBE en Guinea, no sufran, pero es una historia basada en la educación y en el apoderamiento, en la formación y en el fomento del talento y el liderazgo local, allí donde las capacidades no siempre han ido de la mano de las oportunidades 

La foto nos muestra a Esperanza (su nombre ya apunta algo en esta historia) en la zona interior del interior de Guinea, de tierra roja y selva que todo lo engulle. Allí donde la escuela Talita Cum es todo un referente. Allí donde conocí a Esperanza y vi que su mirada iba más allá, mucho más allá. Y allí donde conocí a Sara Marcos, mi referente misionero (ahora en Mozambique). Algún día montaré su club de fans, pero no se lo diré. 

Cuenta Samuel Escobar que la misión es el tema central en la Biblia desde el llamado de Dios a Abraham. Y hoy, somos todos misioneros. En nuestro lugar de trabajo, en nuestro barrio, en nuestra escuela, en nuestra ciudad y en todas las naciones.  

Esta foto reivindica la mirada de Esperanza. Y la mirada de esperanza. Y se sitúa en una de estas naciones. Pero la misión no se limita al ámbito internacional, repito. Somos llamados a ser luz (a riesgo de ser pesado les recuerdo el nombre de esta sección), a compartir sin paternalismos y, si hablamos de otros países, hasta siendo críticos con un pasado colonial que todo lo avergüenza. Paloma Ludeña (otro referente misionero personal, tengo varios y no cabrían todos y todas aquí) escribió que “nuestras oraciones son misioneras y viajan allá donde el Señor está obrando”. Hagan la prueba, funciona.  

La mirada de Esperanza es de dignidad, de valor, de ganas de aprender, aunque ya fuera una persona adulta, de tomar conciencia de sus propias capacidades. La mirada de Esperanza se nutre de la luz de cualquier tarde guineana, en un entorno sin estaciones climáticas, en un decorado perfecto para jugar con la cámara. Y el Evangelio, oigan, va de todo eso. 

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