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La TapaRevista UnidosUnidos 3

La Tapa – Unidos 3

By 29/03/2021No Comments

Raquel Molina

Una entrevista con la Vicepresidenta de la UEBE

 

Este año termina tu trienio como primera Vicepresidenta femenina de la UEBE.
Sí. Un desafío muy intenso: había áreas desiertas, y es tiempo de cambios y de aplicación de nuevas decisiones convencionales.

¿Tu género ha ayudado o estorbado en un liderazgo habitualmente masculino?
Entre los Oficiales todo es igualdad. En algunos ámbitos “lo raro” ha sido útil para normalizarlo, aunque a veces trabajar con tanto hombre se hace difícil. Pero no deseo excusarme por ser mujer.

Tu sobrino de primaria te pregunta qué es la UEBE.
“Muchos amigos de Jesús que le amamos decidimos caminar juntos (Unión), para hablar de Él a los que no le conocen (Evangélica). Cuando tu bisabuelo vivía muchos amigos de Jesús nos visitaron (Bautista) para ayudarnos a hablar de Él a todas nuestras familias y amigos (España) e incluso a otros muy lejos de aquí.”

Pastora, madre, esposa de Pastor, Secretaria Académica, Vicepresidenta. ¿Qué comes?
Ha sido progresivo y he podido planificar priorizando lo más importante y no sólo lo urgente.

¿Cuál es el rol de la Vicepresidencia? ¿Viajar, pacificar, animar…?
Es un Oficial de la UEBE, junto con la Presidencia y la Secretaría General. Sustituye al presidente cuándo éste lo solicita. Y sí, viaja, anima, pacifica, proyecta, planifica, representa a la Unión, y forma parte de distintas de sus comisiones.

Tu mayor satisfacción y tu peor defecto.
Precisamente haber sido parte de esas comisiones que han traído nuevos proyectos aprobados en Convención. Un defecto es exigirme mucho a mí misma y a los demás.

Ser bautista en España es…
Ser desconocido. En el entorno evangélico: ser conservador, apasionado por las misiones, serio y comprometido con la educación bíblica y teológica.

¿Más estructura o ya es suficiente?
Más que suficiente. Queda conocerla bien, evitar duplicidades, trabajar más en equipo y en formato interdisciplinar. Y no dar tantas vueltas.

¿Qué reforzarías de nuestra Unión? ¿Qué quitarías?
La ética cristiana y la santidad de vida. Me preocupa la relatividad que campa con mucha facilidad entre nosotros y con ella la doble moral. Quitaría la incapacidad de pedir perdón, perdonar a otros y de perdonarnos a nosotros mismos porque nos paraliza y nos incapacita para servir adecuadamente en la obra del Señor.

¿Te ayuda ser Pastora?
Sí, para empatizar y comprender las situaciones ajenas, especialmente en medio de conflictos. Pero también para disfrutar del crecimiento de la obra.

¿Todos los Pastores de la UEBE son bautistas?
No, y no es un secreto. Están los que no lo son y no se involucran en la Unión, pero respetan a los que sí lo son. Pero los hay que intentan convencer a su iglesia a dejar de serlo. Y también los hay que sí son bautistas, pero no se involucran y hacen frentes. Por supuesto también hay pastores bautistas que respetan a los demás y que intentan colaborar e involucrarse, ellos mismos y a sus iglesias.

¿Qué piensas cuando miras a los estudiantes de la Facultad?
Los miro y pienso en posibles relevos, en nuevas generaciones con corazones misioneros y pastorales. Y también pienso: ¿Cuántos hay que no están respondiendo? ¿Cuántas iglesias no están dispuestas a recibirlos?

¿Duermes bien? ¿Quién paga más el precio?
Duermo bien. Lo que me ocupa -no preocupaes el trabajo por hacer y los pocos dispuestos a hacerlo. Las nuevas generaciones deben levantarse e incorporarse a filas… ya. Quien paga mayor precio es mi familia (Jesús, Keyla y David) que participa de mis decisiones al aceptar responsabilidades y entiende y carga con mis ausencias, viajes, tensiones y cansancio. Pero venga lo que venga así seguirá siendo.

De repente te vuelves millonaria.
Entrego al Señor su diezmo y las ofrendas. Después pago deudas inmobiliarias, y nos sentamos a planificar una buena mayordomía del resto.

¿Cómo fue tu conversión? ¿Tu versículo clave?
Siempre fui una niña de iglesia. Mis padres se convirtieron hacia 1960 y la PIEB Málaga era mi segunda casa: Rayitos de Sol, cultos, escuela dominical, asambleas… era lo más habitual. Cristo era mi amigo y estudiaba la Palabra. Pero a finales de los 80 llegaron pruebas familiares duras y dramáticas que me hicieron ver a Dios como Soberano. En la Semana Santa de 1982 entendí que mi “amigo Jesús” era también mi Salvador y mi Señor y le entregué mi vida para siempre: Él era la razón por la cual yo quería vivir. Mi pequeño canon es Habacuc 3:18-19. “Con todo” mi alegría, gozo y sostén es el Señor.

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