Por Manuel Sarrias, Secretario General UEBE 1989-2014

Dentro del marco de la Unión Evangélica Bautista de España he vivido de manera directa tres centenarios:

En 1988 el Centenario de la Primera Iglesia Evangélica Bautista de Valencia. Coincidiendo con este aniversario se celebró en esta ciudad la XXXVI Convención de la UEBE con el lema «Edificando el futuro». Como Secretario General y miembro de esta iglesia tuve el privilegio de participar activamente en la preparación y realización de dicha Asamblea de la Unión Bautista de España.

En 1993 nuestra revista denominacional EL ECO cumplió 100 años. El 6 de enero de 1893 apareció el primer ejemplar, que tuvo varios nombres a través de este tiempo y que fue una publicación regular en papel hasta 2014. Posteriormente aparecieron algunos ejemplares aislados y últimamente online de manera periódica.

Y ahora, ya en 2022, conmemoramos el centenario de UEBE, y aunque las primeras iglesias bautistas en España datan de la década de 1870, fue en 1922 cuando tiene lugar la organización de la Unión Evangélica Bautista Española, como he tenido la oportunidad de reseñar en la Cronología anual de la UEBE con motivo estos 100 años,  lo que me ha permitido de manera especial realizar una profunda inmersión en el tiempo, en los personajes, en algunos eventos y decisiones significativas, así como en determinados acontecimientos especiales indispensables para tener conciencia de nuestra realidad y memoria histórica.

Mi perspectiva de este Centenario va lógicamente unida a mi experiencia personal.  Mi primera Convención de jóvenes de 1967 fue en Albacete (con 19 años) y en Madrid en 1969 (aquí por vez primera también como Delegado en la Convención de Iglesias).  A partir de Badalona en 1974, menos en una ocasión, he asistido a todas las Convenciones, en algunas designado por la Asamblea como Secretario de actas en el tiempo que los delegados nombraban la Mesa. Ya desde 1982 la Convención de Cartagena me designó Secretario General en la modalidad de entonces, y en 1989 Secretario General-Administrador (hasta 2009 dirigiendo también el Ministerio de Mayordomía), con dedicación a tiempo completo y por vez primera un Secretario sostenido por la Unión.

Una trayectoria centenaria invita, en principio, a mirar al PASADO. A aprender lecciones. A recordar. A exclamar, como el veterano líder, «hasta aquí nos ayudó el Señor» (1 Samuel 7:12). En medio, a pesar, y por encima de todo hemos visto la acción de Dios y decimos con el salmista «Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación» (Salmo 90:1). Pero también nos embarga un sentimiento de gratitud, reconocimiento y respeto hacia aquellos hombres y mujeres que se esforzaron con entrega y fe y que han escrito etapas importantes en la historia del pueblo bautista español.  Eso nos enseña a honrar a los que nos precedieron, conocidos y anónimos, expresando profunda deuda a todos ellos, nacionales y extranjeros. Y a los que todavía permanecen, sin esperar a que mueran, como en ocasiones tristemente suele pasar.  Me he visto hondamente impactado y unido con hermanos y hermanas, con algunos de los cuales he tenido el privilegio de conocer y de trabajar estrechamente en los últimos cincuenta y pico años.

También miramos al PRESENTE.  Unamuno dijo «somos hijos de nuestro pasado, pero padres de nuestro futuro». Y es en el presente cuando seguimos edificando el futuro.  Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, Jesucristo, pero hemos de procurar sobreedificar con los mejores materiales (1 Cor. 3:10 y ss.).  En la UEBE, como en organizaciones de todo tipo, siempre se ha corrido el riesgo de que fuera contemplada como algo distante y poco valorada, produciéndose una desafección por ignorancia o excesivo localismo; pero también resulta más preocupante que se produjera desafección o desinterés por todo lo contrario, es decir, por estar motivado por actitudes y funcionamientos producidos en el seno de nuestra Unión. La ilusión es fundamental y promoverla o mantenerla se consigue con empatía, calidez fraternal, diálogo constructivo y enriquecedor, y un espíritu abierto que crea confianza aun en las legítimas discrepancias, sintiéndose parte de un equipo, con un sello de calidad personal que excluye la mediocridad.

Una vez más nos damos cuenta de que en las personas está la clave y en las características humanas y espirituales para ejercer capaz y eficazmente las responsabilidades asumidas que deben existir en las personas responsables en iglesias, ministerios, juntas e instituciones. Cuando no es así, se paga una factura muy elevada. Los seres humanos somos lo más importante. La generación mayor necesita de la energía y creatividad de la más joven y ésta debe beneficiarse del idealismo, sabiduría y experiencia de las anteriores. Es como una carrera de relevos.

La fe cristiana no está estancada; se proyecta hacia el FUTURO.  Como diría el apóstol «nos extendemos a lo que está delante, prosiguiendo hacia la meta del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús» (Filip. 3:14). Por ello, debemos renovar nuestras metas y objetivos con perspectiva histórica y de eternidad. C.S. Lewis escribió: «Las personas que más hicieron por este mundo fueron aquellas que más pensaron en el venidero». Miremos hacia el pasado y el presente, pero igualmente hacia delante con visión y fe. Como David quien «sirvió a su propia generación, según la voluntad de Dios».  Vivimos tiempos de cambios vertiginosos. El futuro se hace presente con sorprendente rapidez.  Y tenemos el desafío de saber adaptarnos a los nuevos tiempos conservando nuestras señas de identidad y hacerlo con sabiduría, equilibrio y determinación para discernir lo que hemos de conservar y lo que hemos de cambiar, diferenciar los fondos y las formas, lo doctrinal y lo cultural, siguiendo la enseñanza y el ejemplo de Jesús. Y hacerlo con gracia, elegancia y amor.

Esa realidad nos permitirá reafirmar nuestra voluntad de continuar trabajando juntos. Porque Dios une. Porque todos nos necesitamos. El Señor toma nuestra diversidad y la usa y armoniza para enriquecimiento, para aprender unos de otros. Y lo hace con un propósito hermoso y un llamamiento santo, que da sentido y significado a cada vida. Cuando unimos fuerzas con un mismo espíritu hacia unas metas y objetivos que inspiran, entonces no solamente sumamos, sino que multiplicamos, y eso nos ayuda a centrarnos en los objetivos fundamentales que son nuestra razón de ser y nuestra misión esencial: vivir y compartir el Evangelio con todo lo que ello conlleva. Cuando hacemos las cosas como Dios manda recuperamos confianzas e ilusiones, nos sentimos eslabones de una misma cadena.

Hace más de 200 años Napoleón, ante las pirámides de Egipto, manifestó a su ejército: «cinco mil años de historia os contemplan». Nosotros, hoy, hacemos nuestras las palabras del escritor de Hebreos: «teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús». Todo ello nos anima a proseguir hacia delante, renovando nuestro compromiso con Dios y con los hombres. Hasta que el Señor Jesús vuelva o nos llame a su presencia.  Con la garantía divina que el Evangelio se seguirá predicando y muchas personas aceptarán a Jesucristo como Señor y Salvador y verán cambiadas sus vidas. Que ello sea a través de nosotros y no a pesar de nosotros.

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