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Por Jordi Torrents, periodista

Foto: «Hard Hats» (1972), de Jeanne Moutousammy-Ashe

Hay imágenes que, desde su simplicidad y su cotidianeidad, aportan mucho más que otras. Esta foto de Jeanne Moutousammy-Ashe es una reivindicación sutil del hecho de ser negra en una sociedad de mentalidad tan blanca como era (y sigue siendo) el día a día en Estados Unidos.

En 1986 esta fotógrafa dio un golpe sobre la mesa con el libro Viewfinders: Black Women Photographers que era una doble reivindicación en la profesión de la fotografía desarrollada por mujeres negras desde mediados del siglo XIX, autoras silenciadas por una sociedad donde el racismo y el machismo campaban a sus anchas. Moutousammy-Ashe, pues, fue una pionera en un movimiento para visibilizar la voz y la mirada de fotógrafas de ascendencia africana. La niña que aparece en la foto «Hard Hats» representa la sensación de estas mujeres, escondidas y perdidas en un mundo lleno de hombres blancos que todo lo llenan y todo lo controlan con su mirada férrea.

Moutousammy-Ashe, nacida en Chicago en 1951, tuvo el lujo de contar con unos padres, diseñadora de interiores y arquitecto, que la animaron a seguir su instinto artístico. Llegó a completar sus estudios en África y, como profesional, ha trabajado para algunas de las revistas más prestigiosas del mundo y como fotoperiodista televisiva. Después de cubrir un torneo de tenis, conoció y se casó con Arthur Ashe, tenista con el que tuvo una hija que, cómo no, se llamó Camera.

El libro de Gálatas nos reta a ser todos uno en Cristo: «Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús» (Gál. 3:28). Una visión moderna y más necesaria que nunca para superar el racismo y el machismo. Dios no distingue, no diferencia entre personas y, como nos recuerda Hechos, de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres en toda la faz de la Tierra.

Moutoussamy-Ashe, desde su profesión y vocación, lucha contra la discriminación. No sabemos dónde mira la niña de su fotografía, pero tenemos claro que ninguna mirada a su alrededor se fija en ella. La mirada de Dios sí que se clava en nosotros, seamos quienes seamos, pensemos como pensemos, vengamos de donde vengamos. En pleno 2020 fotógrafos y fotógrafas en Estados Unidos todavía han tenido que crear una iniciativa para unir fuerzas y, donando sus imágenes, recaudar fondos para la lucha contra el racismo. Sí, en 2020, cinco décadas después de que Moutoussamy-Ashe nos desafiara con esa niña que parece querer salir de ese círculo tan blanco y tan machista. Este 8 de marzo se ha vuelto a celebrar el Día Internacional de las Mujeres. Todavía hace falta para luchar para construir una sociedad más justa e igualitaria. Más que nunca, esta reivindicación es necesaria. Y sí, Dios también reivindica.

Hard Hats por Jeanne Moutoussamy-Ashe

 

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