Por Alfredo Mira Girona

Acorde a la antigua costumbre de nuestra fe: dar testimonio para ser salvo y ser testigo para que otros puedan venir al conocimiento del Salvador, recojo algunos detalles de nuestra historia de los cuales, de un modo u otro, he sido testigo.

Miembro de iglesia

Conocí al Señor en la iglesia de Elda (1952). La casa particular de la Sra. Blanes abría sus puertas a un grupo de creyentes que cada domingo se reunían para la escuela dominical y el culto vespertino de predicación. A la sazón, un punto de misión de la iglesia de Alicante que cada semana enviaba un predicador voluntario para atender los servicios. Entre semana no faltaba el estudio bíblico en casa de los Sres. Dorado que impartía la Sra. Isabel. El ambiente de las reuniones me cautivó desde el primer día. Fue por casualidad, había olvidado la llave de mi casa, y entré a pedírsela a mis padres que asistían al culto. No podía imaginar lo que era aquello, pero el ambiente me cautivó y ya no salí de allí hasta que marché al seminario en 1959.

Muy poco después se constituyó la iglesia y llegó el pastor, don Alfonso Simarro y la iglesia recibió una inyección de ánimo. Poco duró la alegría porque muy pronto la brigada de lo social vino a clausurar el lugar de los cultos, cosa que no llevó a cabo por tratarse de una vivienda habitada. Únicamente nos prohibieron celebrar las reuniones. Y, gracias a ello, sucedió algo estupendo. Diversos hogares se ofrecieron para reuniones familiares que propiciaban ocasión para invitar al vecino, así que cada domingo de manera simultánea celebrábamos cinco reuniones. Pasado un tiempo prudente unificamos los grupos reuniéndonos en otra casa particular de la misma calle. La bendita sorpresa fue ver cómo habíamos crecido.

Voy a referir un hecho que ilustra la situación de aquellos tiempos. En el pueblo vecino de Petrer iniciamos un trabajo en casa de unos hermanos. Se reunían unas cuantas personas. La asistencia no superaba el número tolerado, dieciocho, así que las reuniones podían celebrarse sin impedimento. Pero he aquí lo que sucedió. Pronto se corrió la voz de que en aquella casa se juntaban los protestantes. No se podía prohibir, pero había que pararlo. A tal fin enviaban una pareja de guardias. No hacían nada, no decían nada, solo paseaban por la puerta a la hora de la reunión. No es difícil imaginar cómo acabó aquel intento de evangelismo, aunque llegado el momento el Señor abrió otros cauces para establecer el testimonio del evangelio en esta ciudad. Relato este hecho para ilustrar cómo iban las cosas por entonces.

Estudiante de seminario

Durante este periodo, 1959 a 1963, a los estudios se unía la práctica de formación en alguna iglesia. Me asignaron la iglesia de La Escala y después la iglesia de Usera (Madrid). Es de reseñar el hecho de que ambas habían sufrido la prohibición de celebrar sus cultos por orden gubernativa.

En Madrid junto a la dedicación a la iglesia de Usera trabajaba a las órdenes del pastor Rodrigo y del pastor Cardona, Secretario ejecutivo de la Comisión de Defensa. Hago esta referencia porque esta circunstancia me permitió ser testigo de las gestiones que se hacían para resolver los variados y abundantes problemas de las iglesias y conocer las dificultades a superar por causa de la presión y la intolerancia de las autoridades.

Uno de ellos lo viví personalmente. Preparé el expediente para celebrar mi matrimonio que debía presentar en el registro civil para su tramitación. El juzgado comunicaba el caso al obispado y si este no respondía, se entendía que no se oponían a la celebración de dicho matrimonio civil y el juzgado podía proceder a su tramitación que solía demorar unos cuantos meses. Presenté la documentación en el juzgado núm. 1 de Madrid y el secretario se negó a aceptarlo porque dicho juzgado nunca había tramitado un expediente así. Le dije, muy bien, pero dejo la documentación y mañana volveré a recogerla esperando que acompañen la nota que motiva su no admisión a trámite. Ni que decir tiene que cuando regresé me informaron que lo iban a tramitar, como efectivamente ocurrió. Pasados unos meses, como era habitual, el Sr. Juez efectuó el matrimonio en una ceremonia muy solemne y agradable.

Pastorado en Sevilla de 1964-1971

Concluidos los estudios tuve un llamado de la iglesia de Sevilla. También esta iglesia había sufrido la clausura por orden gubernativa. Merece mención el hecho del asalto a la capilla, durante el periodo de clausura y a pesar de los precintos policiales, unos cuantos jóvenes penetraron en los locales y destruyeron los bancos del templo. En aquellos tiempos, además de las experiencias gratísimas vividas con los hermanos, tuve ocasión de enfrentar problemas propios de la oposición a los protestantes. Referiré dos hechos que ilustran aquellos tiempos. Ambos acontecen en el terreno militar. Uno muy común: la situación de un evangélico en la jura de bandera que se negaba a participar en la genuflexión de la misa católica. Aunque no era fácil, con algunas gestiones, pude contribuir a que se resolviese satisfactoriamente estas situaciones.

Otro caso fue el trámite del expediente de matrimonio de un sargento de aviación. Después de realizar los tediosos trámites de cualquier matrimonio civil, además de las gestiones militares requeridas para un suboficial, se presentó en el registro civil el expediente completo. Transcurrido el tiempo, le fue denegado el permiso para contraer matrimonio civil. Aquí tuvimos mucha suerte. El obispado que nunca respondía y su silencio significaba la no oposición, en esta ocasión sí que se pronunció oponiéndose a la celebración del mismo. Gracias a este error, puesto que los obispos no podían pronunciarse en un asunto que competía a la jurisdicción militar, el nuevo expediente pudo seguir su curso y se resolvió favorablemente así que el sargento Orozco pudo contraer matrimonio civil y celebrar el culto de su unión en nuestra iglesia.

Pasó el tiempo, 25 años trabajando con los emigrantes en Suiza, y acepté la invitación de la Iglesia de Alicante, en cuyo templo fui bautizado el 2 de agosto de 1953. Templo que obtuvo permiso gracias a la remesa en dólares efectuada por la misión, Foreign Mission Board. El Sr. Alcalde para compensar y desagraviar a los suyos, dio el nombre de Pio XII a la plaza donde se ubica la iglesia y Padre Esplá a la calle que nace de la misma plaza. Nos quieren mucho.

Como he vivido las dos épocas, esta que gozamos de libertad, aunque la presión católica se siente todavía, y aquella de grandes dificultades, vale destacar que las iglesias de entonces tenían mayor vitalidad que las actuales, y también era mayor su crecimiento. Enfrentarse a problemas exteriores nos unía y fortalecía. Y, como dice el libro Hechos de los Apóstoles: «la palabra crecía». La Obra es del Señor y nosotros somos testigos para contar las cosas que hemos visto y lo que Él ha hecho en nosotros. Estemos vigilantes, atentos a lo que Él quiera hacer en nosotros y por nuestro medio. Su Obra no ha concluido todavía ni ha disminuido su poder salvador y renovador.

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