Un virus ha dinamitado nuestra realidad, tan pequeño como grandes los males que causa: problemas laborales y económicos gigantescos -la realidad superará la ficción de muchas películas- y, sobre todo, miles de pérdidas humanas -más de diez mil- que no tienen precio. Ya entre nuestras iglesias de la Unión se cuentan, que sepamos, casi la veintena de familias en duelo y estamos haciendo todo lo posible a través del correo para que ninguna de sus pérdidas quede en el anonimato ni permanezca olvidada. En este número incluimos las reseñas de cuatro familias pastorales que han perdido a un familiar cercano, pero también hacemos referencia al listado que conocemos de defunciones.

Sí, es un tiempo extraño, difícil y doloroso por los estragos de la muerte, pero también una oportunidad para la labor pastoral y para el testimonio de la iglesia allí donde ésta se encuentre. Por ello hemos pedido a las iglesias que nos envíen cuál ha sido su respuesta ante esta crisis sanitaria y social, y veinte de ellas nos lo cuentan. Muchas de ellas han tomado posiciones en internet con sus cultos, estudios, tiempos de oración y devocionales online que están siendo de mucha bendición y fortaleciendo la unidad. Los cultos dominicales de los último tres domingos de unas 30 iglesias se pueden encontrar en https://uebe.org/cultos-online/.

Seguimos compartiendo la partitura de cada mes, información de nuevo material del META, y nuevo informe del MEM con datos de nuestros puntos de misión. También presentamos un inédito proyecto de oración 24/7 con el que queremos invitar a todas nuestras iglesias y hermanos a orar al Señor de forma coordinada por las consecuencias que ha traído este virus.

Finalmente, incluimos las cartas de oración de nuestros misioneros en África, expuestos también al envite de la pandemia y que requieren el apoyo de la Unión más que nunca, y nuestro Presidente nos comparte una reflexión final con la que cerramos esta edición.

Con todo, como Habacuc, nos gozamos en el Dios de nuestra salvación y nos mantenemos aferrados a la firmeza de la esperanza en Jesús.

Daniel Banyuls, Secretario General

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