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Revista UnidosUnidos 5

Roberto Velert, in memoriam – Marzo 2019

By 01/03/2019April 28th, 2021No Comments

“¿…No sabéis que un príncipe y grande ha caído hoy en Israel?” (2 Samuel 3:38) Conocí a Roberto a finales de la década de los sesenta, hace algo más de 50 años. Se celebraba una reunión de la Juventud Evangélica Valenciana Unida-JEVU y un joven pastor valenciano llegado de Canadá nos sorprendió por su creatividad y capacidad de comunicación. Era el pastor de la Iglesia Bautista “la Buena Nueva”, entonces en calle Ramiro de Maeztu de Valencia, iniciando años más tarde el proyecto de campamentos de Monteluz. Durante la década siguiente, años setenta, fue pieza esencial del movimiento evangélico de la ciudad, con la primera campaña evangelizadora unida celebrada en una carpa instalada céntricamente. En ese tiempo fue de mucha ayuda para iglesias y jóvenes de la ciudad. A principios de los ochenta aceptó el llamamiento de la Primera Iglesia Bautista de Barcelona, la Bona Nova, y al poco de llegar promovió la Convención de la UEBE de 1985 con el lema “Dios responde hoy”. Desde los primeros años del nuevo milenio, tras su regreso de Estados Unidos, continuó con el pastorado, en la iglesia “Piedra de Ayuda” de calle San Eusebio de Barcelona. Y en esta vocación básica permaneció hasta el final.

Roberto Velert Chisbert había nacido el 17 de abril de 1945 en el marítimo barrio valenciano de Nazaret (supo combinar ser ciudadano del mundo y del Reino de los cielos con el cariño hacia su tierra natal). Su abuelo quiso inscribirlo en su nacimiento con el nombre de Israel (así lo conocíamos muchos), pero el funcionario no aceptó ese nombre y se quedó con el de Roberto. Muy jovencito recibió el bautismo de fe y también la llamada al ministerio pastoral fue muy temprana. El 6 de enero (¡como un hermoso regalo de Reyes!) de 1969 contrajo matrimonio con la joven francesa Elisabeth (el pasado mes se cumplieron las bodas de oro). De esa Unión nacerían Dámaris y Miriam y en el amor familiar experimentaría la especial bendición de ser amoroso abuelo, como lo había sido como esposo y padre. El Señor le llamó a hora temprana del jueves 7 de febrero de 2019. Con 73 años, todavía acostado, su corazón dio sus últimos latidos. Y aunque su salud había dado algunos avisos, se adelantó inesperadamente en el viaje a la eternidad, en una partida rápida y dulce. Tu muerte, Roberto, es estimada a los ojos de Dios (Salmo 116:15), porque estimada para Él ha sido también tu vida.

Licenciado en Teología por el Toronto Baptist Seminary, donde fue reconocido en 2017 como Doctor en Divinidades, Profesor de Consejería Pastoral en Seminario-Facultad UEBE de Alcobendas, Presidente de la UEBE en dos etapas (1990-93 y 2005-09), Director de Misiones Internacionales (tu gran pasión por las misiones), Representante de la UEBE en la Directiva de la Casa Bautista de PublicacionesEditorial Mundo Hispano (Junta que presidiste), Profesor invitado en el Seminario Southwestern de Dallas-Fort Worth, conferenciante, periodista, escritor, predicador, políglota, ameno comunicador, viajero, maestro, escritor (confío que lo mucho que plasmaste en cartas, boletines, en El Eco, en otras publicaciones y a diversos niveles, además de tus libros y grabaciones, puedan recopilarse como parte de tu legado), con otros títulos y reconocimientos que podríamos añadir a tu historial; pero, sobre todo, eras PASTOR. Pastor según el corazón de Dios. Un creyente comprometido con Jesucristo, tu Señor y Salvador, a quien servías y amabas profundamente y anunciabas su Evangelio.

Como dice el escritor bíblico, tiempo nos faltaría para constatar únicamente un poco de los recuerdos que nos evoca tu persona. Las experiencias y anécdotas compartidas. Tu sentido del humor. Tu sonrisa. Tu lealtad como amigo y compañero. Tu espíritu quijotesco; nunca te importaron los aspectos materiales que tanto influyen en este mundo. Tu amor por la iglesia, por el movimiento evangélico, por la UEBE (tu artículo “por qué amo a la UEBE” como evidencia de tu sentir), por los hombres y mujeres de las tierras de España, por las personas en general. Con tu sentido de unidad en lo fundamental, de sacar a relucir lo mejor de cada cual. El profundo y emotivo escrito a la muerte de tu madre. Ampliamente generoso, aunque nunca sé es en exceso. A las muchas personas e iglesias que ayudaste en tu incansable tarea pastoral. Tus personales notas manuscritas acompañados de alguna imagen que inspiraba: un paisaje, una flor, la sonrisa de un niño…”. Siempre con una palabra de ánimo, de paz y sana alegría, de contagioso gozo, siempre cercano. Nuestra última conversación por teléfono fue hace un par de semanas; mostraste tu preocupación por una muy amada persona cercana, y quedamos emplazados en tomar una paella y un buen vino junto al mar, en Nazaret. Con la debida licencia, que tu aprobarías, la tomaremos en el cielo, ya que allí, aun con cuerpos resucitados y glorificados, no habrá una dieta única de pan y pescado, como tomó Jesús resucitado según el final del Evangelio de Juan.

“Desde el Corazón”, cada semana y por muchos años, escribiste páginas inolvidables: “En criticar todos maestros”, “Recuerda que cuando mueras tu agenda de cuestiones pendientes no estará vacía” (ahí decías “nada en el mundo es más importante que tu paz y felicidad interior, y la de tus seres amados…. disfrutando cada paso del camino de la vida y llenar una existencia de afecto”); “Nunca sin corbata” (siempre ibas vestido con elegante sencillez y con zapatos oscuros y brillantes, que tuviste que cambiar en Alemania cuando una fría nevada nos sorprendió una gélida mañana de enero). Fue un privilegio contar con tu sabiduría pastoral, trabajar estrechamente contigo, tus expresiones de estímulo en todo momento, especialmente en situaciones complicadas, siempre con una actitud positiva de fe y esperanza. Siempre estarán en mi memoria tus generosas palabras en mi despedida como Secretario General hace algo más de 4 años.

Capítulo aparte y extenso merecería tu fructífero ministerio en la radio. A finales de los años setenta, Jorge Pastor compartió contigo su experiencia en este campo de testimonio y te invitó a un retiro de pastores bautistas, conectándote con la UEBE, a la que te unirías pocos años después. La radio fue un elemento importante durante muchos años en tu ministerio hasta el último momento en tu amada Radio Bona Nova, con tu excelente y entregado equipo de colaboradores.

El culto de tu despedida fue una expresión de lo mucho que la gente te quería. Predicó tu compañero pastor en los últimos años, Rubén Sánchez. La UEBE tuvo una amplia representación y también amplia presencia de otras iglesias hermanas. Tu familia lo hizo, y ahora reitera expresar su profundo agradecimiento por tantas muestras de amor, cariño, respeto y firme esperanza en Cristo. Tu muerte deja un vacío y ha representado una gran pérdida para tu familia, para los hermanos y amigos, para la iglesia, para la UEBE, para el mundo protestante…. Pero a través de tu vida también ha representado una gran ganancia para tantísima gente que ha sido bendecida por ti.

Tenemos la tendencia a exagerar algo en los panegíricos. No es éste el caso. Necesitaríamos muchas páginas, tal vez un libro, para plasmar resumidamente parte de lo que ha sido tu intensa vida. Podrías decir, con el Nobel Pablo Neruda, “confieso que he vivido”. Una profunda vida de calidad. Por donde has pasado has dejado un olor fragante de Cristo: “He aquí ahora hay en esta ciudad un varón de Dios” (1 Samuel 9:6). Has sido un punto de referencia. Dejas y te llevas mucho amor.

Has sido un regalo de Dios. Quedamos un poco huérfanos. En este mundo el tiempo transcurre muy rápidamente. Decimos como Job “mis días fueron más veloces que la lanzadera del tejedor” (7:6). Todavía impactados por tu partida, decimos “hasta pronto, Roberto”. Ya estás en otra dimensión del tiempo y del espacio: en la eternidad. En ti se cumplen lo que afirma la Escritura: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe”. “…He acabado la obra que me diste que hiciese”. “Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen”.

HASTA PRONTO AMADO ROBERTO
“¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?” (Lucas 2:49)

Posiblemente las palabras de un joven Jesús a sus padres narradas en el evangelio según Lucas, sirven para describir a la perfección lo que ha sido la vida de Roberto Velert como siervo de Cristo. Siempre implicado en los negocios del Padre que lo amó desde antes de la fundación del mundo y que lo salvó para la alabanza de la gloria de su gracia. Sin duda alguna, los negocios del reino de los cielos fueron los negocios principales de Roberto. Puedo decir que, como compañero de ministerio suyo en la congregación de “Piedra de Ayuda” desde hace siete años, su motivación era servir a la extensión del reino de los cielos de una manera incansable. Para ser sincero, tengo la sensación de haber conocido a Roberto desde toda la vida. Aún y cuando no tengo memoria de ello, sé que Roberto y su esposa Betty me conocían desde que yo era bien pequeño, conocían a mis padres y me conocía a mí. De todas maneras, poco podíamos imaginarnos el giro providencial que nuestras vidas tomarían. Él me conocía desde pequeño, yo nací en la iglesia de “Piedra de Ayuda” corriendo por debajo de sus bancos y Dios en su soberanía quiso que años más tarde acabásemos los dos sirviendo como pastores en la iglesia dónde él tenía amigos de toda la vida y donde yo había corrido por debajo de los bancos. Sé que es Dios quien gobierna todas las cosas, pero si acabé siendo compañero de ministerio junto a Roberto fue precisamente por su visión de los negocios del Padre.

La visión que Roberto tenía del reino de los cielos no era una visión territorial y limitada, su visión abarcaba todo el mundo y todas las naciones, desde su amada Valencia pasando por Barcelona, Guinea, Canadá, USA, etc. Fue gracias a esta visión amplia del reino de Dios que las cosas empezaron a fraguarse entre nosotros como futuros compañeros de ministerio. Sería posiblemente sobre el año 2005 que de camino a una Convención de la UEBE hablábamos de la necesidad de formación teológica. Recuerdo que paramos el coche en una estación de servicio y le comenté a Roberto: “¿sabes qué Roberto? Si yo tuviese la oportunidad de ir a estudiar fuera de España, lo haría”. Cual fue mi sorpresa cuando sin ninguna vacilación me dijo: “Entonces hagámoslo”. Desde esa conversación pasó un año y en el 2006 yo y mi esposa nos encontrábamos camino a Canadá a estudiar en el Toronto Baptist Seminary (TBS) donde él y su esposa habían estudiado desde el 1971 al 1974. Su visión amplia y global del reino de los cielos se combinaba con el hecho de no mirar primeramente por lo suyo propio sino por lo de los otros y sobre todo, por aquello que pudiese contribuir a la extensión del evangelio y proclamación del nombre de Cristo. Tal visión propició que no solamente pudiese estudiar y formarme teológicamente sino que también permitió que de vuelta a Barcelona tuviese sitio para servir a su lado.

Fue a finales del 2011 que regresamos a Barcelona y empecé a servir juntamente con Roberto en la iglesia de “Piedra de Ayuda” siendo en octubre del 2012 cuando fui reconocido e instalado como pastor al lado de Roberto en la congregación. Fue entonces cuando empecé a aprender no únicamente de lo que Roberto sabía a nivel teórico sino también a nivel práctico. Ciertamente su capacidad de trabajo era algo impresionante, iglesia, radio, facultad protestante de teología, conferencias, etc. Solamente era necesario entrar en su despacho, ver la gran mesa de trabajo que tenía toda ella llena de papeles y uno podía comprender inmediatamente la cantidad de cosas que allí se “cocían”. Ahora bien, la grandeza no residía tanto en el gran número de cosas que hacía sino en el motivo por el cual las hacía. Más grande que su mesa de trabajo era el corazón de siervo que tenía. Ese corazón que siempre me decía que tenía una válvula y que me explicaba cómo debía ser la densidad de su sangre para que funcionase bien, era un corazón que latía por Cristo. Comprendí muy rápidamente que su inagotable capacidad de trabajo era el reflejo de su amor por Cristo y su amor por todos los santos. Su amor por Cristo y por los santos se reflejaba en todas las cosas que hacía, tanto en las grandes pero especialmente en las pequeñas. Algo que aprendí con él y que espero no olvidar nunca, es la importancia de las cosas pequeñas, de los detalles que a la vista de muchos podrían parecer insignificantes y de poco valor.

Cuando me sentaba a la mesa de trabajo juntamente con él podía ver que tenía una gran cantidad de notas escritas a mano. No podía ser de otra manera, un “aprendiz de escribidor” como él mismo se hacía llamar, consideraba que las notas escritas a mano eran mucho más personales y cercanas. Esas notas eran para amigos, familias, colaboradores en el ministerio, unas simples pero profundas líneas escritas a mano. Unas líneas que mostraban el amor personal que Roberto sentía por todos aquellos a los que escribía. Unas líneas que permitían plasmar sobre papel lo que estaba escrito en su corazón. Eran cosas pequeñas pero que con el amor que habían sido hechas eran transformadas en cosas bien grandes y estoy seguro que de gran significado para todos aquellos que en alguna ocasión recibimos alguna de sus notas. Roberto me enseñó que el amor hacia Cristo y los santos se demuestra en cosas muchas veces bien simples cómo el dar un vaso de agua a uno de estos pequeñitos. Pero también aprendí con Roberto que el amor todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Siempre que me sentaba con él a trabajar le preguntaba “¿cómo estás Roberto?” y su respuesta siempre solía ser un abrazo, dos besos y su frase “¿quieres la verdad?” No hacía falta que dijese nada más, ya sabía que la procesión iba por dentro y que ese amor sufrido era lo que primaba.

Trabajar con Roberto como compañero de fatigas fue poder aprender como el amor es el motor y centro vital en el ministerio. Sé que podía ir a Roberto cuando había algo que sabía que no estaba bien del todo y tenía la certeza que no recibiría una reprimenda de parte de él sino todo lo contrario. Su amor, su comprensión y su consejo sabio siempre estaban puestos en la primera línea. Esto era así conmigo y estoy seguro de que con muchos otros que pasaron por la consejería del señor Velert. Nunca llegué a preguntárselo pero sí sé que muchas de las opiniones, críticas y sugerencias que le llegaron respecto a mi persona y debido a mi temprana inmadurez en el ministerio las sobrellevó como sus propias cargas, las llevó con amor y paciencia y las convirtió en sabio consejo y apoyo para mí. Puedo decirlo con toda certeza, que su apoyo, ánimo y amor fueron constantes hacia mi persona y ministerio. Tales lecciones no se aprenden en un seminario sino en el campo del ministerio junto a siervos como él, llamados por Dios y moldeados por el Espíritu. Doy gracias a Dios por tu vida y porque sin tener necesidad de hacerlo invertiste parte de ella en mí.

Mucho más podría escribir pero creo que es mejor dejar que las obras que Roberto llevó a cabo por la gracia de Dios en este mundo hablen y le sigan “bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen” (Apocalipsis 14:13). Descansa ahora compañero de ministerio, has peleado la buena batalla, has acabado la carrera, has guardado la fe y estoy seguro que bien grande será la corona de justicia que el Señor te ha guardado. Tu trabajo en el Señor no ha sido en vano. He conocido tu doctrina, conducta, propósito, fe, amor, paciencia y padecimientos; por ello aquí seguiré en la batalla y carrera con todo lo que me enseñaste.

Soli Deo Gloria

Pr. Rubén Sánchez Noguero,
IEB Piedra de Ayuda Barcelona

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