Por Lola Calvo, traductora y diseñadora gráfica
En un mundo que moviliza equipos de profesionales de distintos países para rescatar una vida sepultada entre los escombros de un terremoto; que busca recursos para defender a un pueblo masacrado por una guerra invasora; que repele y condena los abusos y violencias contra las mujeres o los diferentes; cuesta creer que los suicidios hayan saltado a las cabeceras de los tabloides del orbe como la “pandemia silenciosa”. Somos capaces de mover montañas por librar de la muerte a un ser humano, pero no percibimos el peligro que corren quienes nos rodean. Personas que no quieren morir solo dejar de sufrir. Ese tipo de dolor incapacitante que requiere de nuestro amor profundo y nuestra reacción hacia el necesitado.
¿Sufrimiento? ¿Por qué una persona llega a desestabilizarse hasta el punto de no ver más salida que la de quitarse la vida? ¿Qué es la vida para ella? ¿De qué materia debemos estar hechos para poder ser personas que afrontan con equilibrio sano cualquier avatar?
Cada vez se suicidan más personas. En España, el Instituto Nacional de Estadística (INE) señala que, 4.003 personas se suicidaron en 2021, un 1,6 % más que el año anterior. De enero a junio de 2022 se contabilizaron 2.015 suicidios, un 5% más que en ese semestre en 2021, y es la principal causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 20 años.
Los especialistas infieren que las muertes por suicidio nunca tienen un único detonante, sino que resultan de factores psicológicos, biológicos y sociales que tienen tratamiento. Deberíamos mirar cuidadosamente a los que nos rodean, quizás así podríamos entender en qué forma mantenernos sensibles —no acusadores, o dispuestos a dar soluciones con frases prefabricadas—, hacia quienes desarrollan ideaciones de autolisis. Independientemente de que nos sumemos a quienes reclaman un Plan nacional de prevención contra el suicidio, cada vez más necesario. No solo porque crecen los casos de trastornos psicológicos sino porque la Salud Pública no ofrece al paciente el tiempo suficiente para una buena atención y seguimiento y no todos pueden acudir a la atención privada. Muchos profesionales se quejan del “empastillamiento” al que han sometido, sin un diagnóstico establecido, a aquellos que llegan a sus manos, cuando, muchas veces se trata de inadaptaciones sociales o de causas que solo requerirían una atención y trabajo con aquellos aspectos que están fallando en el individuo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que solo el acoso escolar produce alrededor de 600 mil suicidios (entre 14 y 20 años) al año en el mundo, correspondiendo 200 mil a la Unión Europea.
Según UNICEF uno de cada siete adolescentes en el mundo tiene problemas de salud mental diagnosticados y cada año 46 mil menores se suicidan. El 68,2% de los jóvenes españoles aseguran estar deprimidos “a veces”.
Sallent · Apenas han pasado unos días, dos gemelas se precipitaban desde el balcón de un tercer piso. Una perdió la vida, la otra se encuentra en estado crítico. Una por acoso escolar, otra por solidaridad con su hermana. Una tragedia que la sociedad no supo evitar y que, por desgracia, forma parte de muchas historias que rompen vidas que no supieron adaptarse a un mundo que les rechaza y oculta su tragedia íntima.
Los expertos señalan que el ataque a la autoestima, degradar la honestidad, ridiculizar al otro sobre todo colectivamente, rechazar por su color de piel, su género, su estatus social, dar de lado, agredir físicamente, etc… sobre todo reiteradamente, desestabilizan profundamente a quien lo sufre.
Pero quizás el foco deberíamos de ponerlo en qué clase de mundo vamos construyendo. Deberíamos de ser capaces de entender que no estamos llamados solo a “apartarnos del mundo” sino a ser constructores de un mundo mejor.
Mientras tanto ¿Con qué nos entretenemos los adultos?
Con el sharenting. Sin hacer un análisis profundo estamos a favor de un uso razonable de la tecnología y reconocemos cuánto nos ha facilitado la vida en muchas ocasiones. Pero lo grave es cuando de algún modo vendemos —con o sin transacción económica—, la imagen de nuestras criaturas haciéndoles vulnerables.
Pantallas Amigas, como el Moisés moderno, creó con la Agencia Española de Protección de Datos su decálogo, en un intento de poner orden en la locura colectiva de exhibir a los bebés y niños por las redes, dejando al descubierto el flanco de la intimidad, entre otras debilidades.
El grooming, es un ejemplo más que se nutre de esos datos y los usará para engañar y chantajear a sus víctimas, jóvenes que preferirán el suicidio antes que arriesgarse a la vergüenza pública.
La autolesión digital, cuidado con ella, es el primer paso para el suicidio. Este síntoma está progresando en España. Son los jóvenes que se infligen autolesiones digitales, atacándose a sí mismos con, insultos, vejaciones y descréditos que podrán ver sus seguidores en las redes. Se ponen a la misma altura que aquellos que, no sabiendo gestionar su realidad más que con ideaciones suicidas, lamentablemente terminan quitándose la vida.
Quizás es tiempo de parar, analizar e involucrarnos en primera persona a descubrir, sin falsos prejuicios, qué estamos haciendo. No se trata de ponernos nostálgicos y pensar que todo lo pasado era mejor. Humildemente creo que es este “ahora” en el que nos encontramos, el que deberá inspirar nuestras preguntas, nuestros análisis y después, ante la luz del Maestro, ser capaces de tomar decisiones que sirvan para este mundo que no acabamos de saber gestionar.
“La generación T heredará el mundo”, según el analista Andrés Guillén. Estos nacidos a partir de 2010, no conciben lo analógico, nacieron con lo digital. La “T” de Touch les identifica con el tacto. Y porque cuando tocan sucede algo, se convierten en impacientes; no distinguen entre lo público y lo privado; no se abruman por la hiperconexión. Ellos son nuestros adolescentes de hoy. ¿Qué herencia reciben del mundo creado y a donde nos llevarán a su vez? Son preguntas que nos deberemos de hacer para entender el devenir de las cosas y actuar sabiamente.
Que Dios nos ayude e inspire en la construcción de personas humanas para un mundo habitable.

