Por Ramón Sebastián Vicent, historiador y profesor de la Facultad de Teología UEBE

Tras describir las biografías de algunos misioneros que trabajaron en nuestras tierras en la transición del s. XIX al XX, destacamos a un bautista autóctono: Vicente Mateu.

Su personalidad queda definida como amable, noble y cautivadora; con un manifiesto amor cristiano y simpatía profunda. Este valenciano había nacido en 1869, pero no tenemos muchos detalles de sus primeros años de vida hasta que cumpliera 16 años: para entonces estaba evangelizando por el Grao de Valencia el misionero sueco Carlos A. Haglund y la curiosidad de Mateu le llevó a ver quién era y qué predicaba. Fue uno de los primeros bautizados por este misionero en agosto de 1888 con los que se constituyó seguidamente la iglesia bautista de la ciudad.

Al año siguiente fue elegido diácono de la naciente congregación. Tenía la profesión de sastre, pero pocos años después abandonó su trabajo para servir a tiempo completo como obrero, con funciones pastorales y de evangelista itinerante, llegando a formar parte del equipo que lideraba la iglesia valenciana. En 1894 contrajo matrimonio con Dolores Martínez quien dejó algunas notas sobre su vida espiritual: buscaba los momentos de la noche o de primeras horas de la mañana para meditar y escribir; durante su trabajo manifestaba el amor por su Salvador.

Resaltaba la importancia de la conversión a Cristo sobre un mero cambio de religión y tenía una auténtica carga por llevar el evangelio a otras personas (especialmente a niños y jóvenes pues decía que el evangelio le había librado de muchos males). Había recibido una buena y diversa instrucción de Haglund en varias materias bíblicas y en idiomas (inglés, francés, sueco o griego), lo cual favorecerá su labor de traductor; desde entonces dedicó bastante tiempo al estudio, algo que también es importante para poder desempeñar una adecuada labor.

Poco antes de fallecer Haglund en 1895 ya había realizado una campaña de evangelización en un pueblo próximo a la capital donde predicaba en un local construido para carros y dormía en una habitación contigua, con pocas condiciones higiénicas; tras la muerte del misionero se responsabilizó de la nueva capilla en Burjasot e inició obra en Turís, junto a Juan Uhr.

Dejó algunos testimonios escritos que muestran su celo por la evangelización y la necesidad de ir por distintas poblaciones llevando el evangelio, como ya planteara E. Lund; de hecho, en su “Memoria” del origen de la iglesia de Valencia  comenta que a finales del XIX mantenían puntos de misión en El Cabañal, Alginet, Alcácer, Turís, Burjasot y Carlet, habiendo realizado algún viaje a Águilas (Murcia).

Otras de sus dotes fue la de escritor y traductor. En sus primeros años de creyente tradujo del francés una pequeña obra sobre el método apostólico de evangelizar, la cual publicó una editorial mejicana; su traducción más voluminosa fue el libro “Jesús viene”. También sobresale en la traducción o redacción de artículos, como varios discursos de Spurgeon para “Homilética”, revista en la que trabajó como escritor, corrector e impresor.

Colaboró en otras publicaciones periódicas escribiendo artículos: entre ellas podemos destacar la de “Hojas Dominicales” de la que se puede decir que fue el alma a partir de 1900; o en Vida y Libertad y en la redacción y edición de “El Correo” que se repartía gratuitamente entre trabajadores de Correos y Telégrafos de todo el país.

Era profundo en su estudio bíblico, brillante en su predicación y distante de un pensamiento sectario: estaba dispuesto a colaborar con creyentes de otras denominaciones si esto favorecía la expansión del evangelio, si bien teniendo claras sus convicciones bautistas. Sus temas preferidos giraban en torno a la nulidad del hombre para ganar la salvación, la cual es por gracia, así como la centralidad de Cristo. Mostraba asimismo una clara vocación de servicio (“nuestro principal objetivo es servir a Jesús”). Se esforzaba ante las necesidades de sus hermanos en la fe, aun estando en condiciones físicas no propicias. Todo esto quedó patente en las muestras de afectividad y oraciones levantadas en su última enfermedad.

Su inquietud especial por llevar el evangelio a niños y jóvenes explica su colaboración con la Unión Española de Esfuerzo Cristiano de la que llegó a ser su tesorero, además de asistir a todas sus convenciones desde que se celebrara la primera en Zaragoza (1900) y convertirse en su gran impulsor en Valencia. El empeño en la educación le llevó a trabajar con ahínco en la fundación de la Federación de Escuelas Dominicales (1912), siendo nombrado su primer secretario en reconocimiento de la labor realizada; aquí se le consideraba como un espíritu activo y emprendedor, lleno de talento e iniciativa que trabajó celosamente para extender el evangelio.

Consideraba que viajar ensanchaba sus horizontes y ampliaba su educación. Y el Señor le concedió estar en no pocos lugares de Europa como delegado de su país, teniendo en cuenta que no contaba con medios económicos para ello, ni era normal en aquel tiempo de no ser una persona acomodada.

Visitó regiones del sur y centro de Francia; Alemania (Berlín, 1905) en el Congreso mundial de Esfuerzo Cristiano, representando a España; Suiza (Zurich, 1913) en la Convención de EE.DD., como delegado de la Federación Española; y en ese mismo año en Suecia (Estocolmo) donde se celebró la Convención de la Alianza Bautista Mundial: por cierto, fue el primer español que participó en una de estas reuniones.

En este último país, acompañado por algunos misioneros suecos, pudo predicar y dar su testimonio en diferentes ciudades: los lugares de culto se llenaban y admiraba a sus oyentes por su “talento y nobleza de carácter”; en la última reunión a la que se le invitó, asistieron más de mil personas. Lund en una pequeña biografía que escribió sobre nuestro personaje, concluye que con su visita “honró a España, como ningún otro español”.

Pero tras este último viaje, le empezaron a faltar las fuerzas por una enfermedad que le llevó a la presencia del Señor (12 de mayo de 1914). Su funeral fue todo un testimonio para la ciudad de Valencia y se recibieron sentidos reconocimientos.

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