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Por Ramón Sebastián Vicent, historiador y profesor de la Facultad de Teología UEBE

Seguimos en el siglo de las misiones protestantes, el XIX. En el pasado número nos introdujimos en nuestras tierras con William Ireland Knapp, primer misionero bautista en España al servicio de la Unión Bautista Misionera Americana (AMBU). Su estancia aquí fue de unos 7 años, abandonando nuestro país en 1876 y dejando una incipiente obra principalmente en Madrid, Linares y Alicante que fue languideciendo en los siguientes años. Pero no estaba todo perdido. Llegaron nuevos misioneros.

El primero de ellos fue el sueco Erik Anderson Lund. ¿Cómo es que este hombre de un país nórdico vino como misionero a estas tierras ibéricas? Todo tiene su explicación y destacaremos dos razones. Lund había estudiado en el Seminario bautista Betel de Estocolmo para ir como misionero a un territorio pagano. Concluidos sus estudios, se trasladó a Inglaterra (1876) para ampliarlos y allí conoció a un español, el malagueño Francisco de Paula Preví, quien se había convertido en Londres y le convenció para venir juntos a España para predicar el Evangelio. Así que en 1877 llegaron a Galicia con el apoyo económico de algunos amigos. Pero en segundo lugar hay que decir que la Unión Bautista Misionera Americana no se había desentendido totalmente de nuestro país tras la partida de Knapp, justo el año anterior a la llegada del sueco, llegando a un acuerdo de colaboración con la Unión Bautista de este país nórdico: ésta enviaría misioneros a nuestras tierras con el compromiso de apoyo económico por parte de la Unión misionera norteamericana que seguiría supervisando esta incipiente obra.

En un principio Lund y Preví se asentaron en Ferrol (La Coruña) para pastorear una iglesia con raíces reformadas y que, si bien bajo su ministerio creció, no adoptó una línea teológica definida. Ambos tomaron la decisión de trasladar su residencia a Catalunya (1878), dejando esta iglesia que se integrará finalmente en las Asambleas de Hermanos, como ya había pasado en algún caso del ministerio de Knapp. Su objetivo era trabajar impulsando los pequeños núcleos bautistas que había en Barcelona (allí se encontraba desde 1875 Ricardo P. Cifré, apoyado también por la AMBU) y Figueres con la comarca del Empordà (Girona). De esta forma, este territorio se convertirá en el nuevo foco de la obra bautista en España. Inicialmente se asentaron en la población gerundense donde abrieron un local para realizar los cultos.

En 1881 hizo un viaje a su país, donde estará durante dos años y contraerá matrimonio con Emilia Bourn. En este tiempo falleció aquí en España su compañero de trabajo Preví. Al regresar en 1883 se afincó en la ciudad condal para atender a los marinos suecos que recalaban allí. También organizó en ese año una iglesia bautista en Barcelona en la calle Aribau y alquiló un segundo local en la misma ciudad. Finalmente, también trabajó en Hospitalet de Llobregat donde había algunos creyentes desde la década anterior.

Como escritor

Lund fundó en 1884 la revista mensual «El Evangelista», con artículos devocionales y noticias. Y en 1893, también en Barcelona, comenzó la publicación de «El Eco de la Verdad», que con el tiempo se convertirá en el órgano oficial de las iglesias bautistas españolas. En principio tuvo una periodicidad semanal. Lund fue su primer director hasta su partida de España en 1900. Pero en su retiro en California (EE. UU.) aun fundará una nueva publicación periódica en 1913: «Revista Homilética» que dirigía desde Estados Unidos y se corregía e imprimía en Valencia; se la ha considerado como su obra más popular ya que aportó a muchos pastores un material de inspiración necesario para la elaboración de sus sermones. Se ha de considerar que en esta última firmó sus artículos con dos seudónimos diferentes (Arboleda y Cantaclaro). Jesús Millán en su obra «Valencia Evangélica» recoge algunos datos aportados por Samuel Escobar de este misionero que Menéndez Pelayo califica como filólogo: publicó 171 libros, 22 en sueco, 114 en español, 8 en inglés, 5 en francés, 3 en catalán, 19 en una lengua filipina. Tradujo la Biblia a una de las lenguas de este último archipiélago y el Nuevo Testamento a otra; dominaba las lenguas en las que se escribió la Biblia y seis o siete idiomas europeos modernos, más otros dialectos filipinos.

Como organizador y docente

Fundó una Asociación Cristiana de Jóvenes, dos Escuelas Dominicales, una Escuela de Dibujo y otra Nocturna para poder compartir el Evangelio a jóvenes. En su propio hogar de Barcelona comenzó una Escuela de Teología para formar a jóvenes creyentes españoles. En 1892 las iglesias bautistas de Catalunya empezaron a celebrar Conferencias anuales que pronto extendieron su invitación a territorios valencianos donde se encontraban trabajando otros misioneros suecos.

Como misionero

Cuestionó el trabajo que venía haciendo por sus escasos resultados y tras un viaje a Suecia buscó posibles nuevas estrategias que relanzaran su ministerio. J. D. Hughey hace una extensa referencia a sus conclusiones: en lugar de centrar su labor en pequeñas iglesias y siguiendo el modelo del apóstol Pablo, consideró que había que recorrer pueblos y tratar con sus gentes para predicar a Cristo. En 1889 volvió a trasladar su residencia al Empordà con este fin: en los tres primeros años hizo labor de evangelización en trece pueblos como un evangelista itinerante, habiendo conversiones en la mayoría de ellos. En su informe de 1894 comentó que contaba con 6 predicadores a tiempo completo sostenidos por la AMBU y otros 10 para predicar en ciertas ocasiones; para entonces había ya unas 6 pequeñas iglesias que en conjunto tenían 90 miembros. Dos años después eran ya 115 miembros repartidos en 10 iglesias. En cuanto su adaptación al medio a evangelizar consideró fundamental aprender, como así lo hizo, la lengua vernácula del lugar. La influencia de Lund es también patente en el comienzo de la obra en Valencia, como veremos en otro artículo.

Como más de un misionero de los que hemos venido describiendo, tuvo sus momentos difíciles, los cuales no impidieron que, tras pasar el necesario periodo de duelo, volviese a su ministerio. No nos referimos a las penalidades que pudiera sufrir como cualquier colportor o predicador de su época en nuestro país, sino que en 1889 falleció su esposa, dos días después su hija de tres meses y en Suecia, donde se retiró un tiempo, murieron sus otras dos hijas. En esos duros meses la obra en Catalunya quedó a cargo de Manuel Marín quien se había convertido en Madrid siendo un muchacho gracias al trabajo de Knapp el cual lo envió a estudiar a los Estados Unidos. Regresó a España 15 años después (1886) habiendo obtenido un doctorado Teología y en Filosofía y Letras. La AMBU lo encaminó hacia Barcelona para trabajar junto con Lund y se convirtió en uno de sus principales apoyos en su labor misionera.

¿Por qué Lund partió de España en 1900?

La guerra de Cuba y la pérdida de las últimas colonias de ultramar (1898) hizo que el ambiente hacia los protestantes españoles se volviera muy tenso junto con las dificultades económicas de la Unión Bautista Misionera Americana. Así que, concluido el conflicto, esta unión misionera decidió enviar a Erik Lund a Filipinas, archipiélago que los norteamericanos habían conseguido también en dicha guerra.

 

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