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Por Lola Calvo, traductora y diseñadora gráfica

https://www.rtve.es/m/alacarta/videos/modo-digital/luna-voluntaria-cruz-roja-solo-di-abrazo/5909891/?media=tve

¿Quién a estas alturas no ha visto el video de Luna, la voluntaria madrileña de Cruz Roja, que, en Ceuta, abraza a unos de los hombres que fue rescatado del agua medio ahogado? Más de una persona nos hemos emocionado al verlo. Representaba la piedad, el cariño sin más pretensión que la de consolar al revivido y transmitirle sin palabras que era alguien que importaba. Luna había visto como golpeaba su cabeza contra las rocas para no seguir viviendo; entendía su dolor, su miedo y su desesperanza.

Al intento de tranquilizarle llega la respuesta del que no tiene más asidero que esos brazos tendidos, sin importar nada más que dejarse querer. Allí no había color de pieles, ni de orígenes, ni de formas de pensar, ni de egoísmos partidistas, solo lágrimas y amor. Luna, fue alabada por algo que le parecía lo más lógico y parte de su generoso voluntariado, al tiempo que no salía de su asombro por la lluvia de insultos y descalificaciones que también le fueron propinados.

Manuel López, un querido hermano y amigo que ya no está entre nosotros, en la redacción de Foto Profesional me enseñaba la importancia de una fotografía, al tiempo que me invitaba a darme cuenta de que una serie de fotos no siempre daba mayor fidelidad a la lectura de las imágenes que tuviéramos delante. Entonces como un buen maestro, cambiaba la posición de las secuencias y me invitaba a releer lo que ellas reflejaban. A veces los ojos nos traicionan, acaparan toda nuestra atención y la superficie nos impide extraer la verdadera información.

El video de Luna es el caso que viene a poner la guinda a una serie de secuencias que nos han venido ofreciendo los medios de comunicación. Desgraciadamente la mayoría nada imparciales. Un regusto, casi imperceptible, nos va condicionando con algún posicionamiento político para luego hacernos ver lo blanco negro e incluso creer que es así como pensamos o deberíamos de hacerlo.

La información y contrainformación sobre la pandemia y sus derivados; el conflicto judeo-palestino; las elecciones en Murcia y Madrid —jamás vi una campaña tan sucia y cargada de odios—; los independentismos; los bulos; la invasión de Ceuta; los intereses económicos y los etcéteras que queráis añadir son esas secuencias que rodean y encapsulan una verdad terrible: estamos degradándonos como seres humanos.

Hoy, nadie admite un error, no sabemos dialogar, no hemos aprendido a vivir con el respeto hacia aquel que piensa diferente a nosotros, no sabemos ser críticos solo criticar. Queridos amigos y hermanos, estamos viviendo un tiempo de encrucijadas que solo buscan rédito perecedero. Pero cuidado que ese beneficio suele tener como base un egoísmo exacerbado, un intento de inocularnos miedos sobre pérdidas materiales que no nos dejan ver cómo se diluye nuestra esencia, lo mejor de nosotros. Disponemos argumentos tan variados —incluso sabemos dónde buscarlos para avalar nuestras tesis— que no nos molestamos en ver dónde nos conduce la «secuencia completa».

Tenemos un privilegio que cobra un valor extraordinario en estos tiempos donde la mentira, las acusaciones, los miedos y los reproches van haciéndose con el poder, el de haber sido modelados por ese Espíritu de Dios que nos habita e intenta no ser desplazado por teorías conspiratorias de cualquier índole.

Estamos desbordados porque todo sucede en cascada, como un potro salvaje al que quisiéramos domesticar sin conseguirlo. El antídoto viene de nuestra fortaleza y convencimiento de que el prójimo no es el enemigo al que vencer; que nuestra pobreza solo tiene ese calificativo si nos conformamos con una visión mediocre de aquello que podemos «ser». Que está en nuestra mano compartir lo mejor de nosotros, sin olvidarnos de la valentía de denunciar las injusticias que realmente lo son, aquellas que oprimen al débil y se ensañan con su desgracia. Esto es Evangelio y un camino del que no deberíamos apartarnos bajo ninguna excusa. Ponte en guardia y no tengas miedo de ir a contracorriente. Ejerce el bien.

 

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