Por Ramón Sebastián Vicent, historiador y profesor de la Facultad de Teología UEBE

En este segundo artículo nos vamos a trasladar de las colonias inglesas en Norteamérica (donde situábamos a Roger Williams) a Inglaterra; en ambos casos en un periodo que abarca algo más de los dos primeros tercios del s. XVII.

En estas décadas no solamente surge la denominación bautista, sino que se consolida con un fuerte crecimiento en Inglaterra, un país con no pocas tensiones cuyo conocimiento nos ayudará a comprender el personaje que vamos a tratar, pues acabará en la cárcel hasta en tres ocasiones. En 1603 accedieron al trono los Estuardo que, por su defensa del absolutismo y de la Iglesia Anglicana, tuvieron fricciones continuas con el Parlamento y la fuerte tendencia del puritanismo de corte presbiteriano-calvinista; fue una etapa difícil para los disidentes religiosos, entre ellos los bautistas que, sin embargo, experimentaron un importante crecimiento. Las tensiones derivaron en la Guerra Civil de 1642 a 1648 en la que se impusieron las tropas del Parlamento, con una fuerte impronta puritana y una defensa de la tolerancia hacia los disidentes religiosos (los bautistas apoyaron abiertamente al ejército parlamentario). Se estableció una república que derivó en una dictadura de su Lord-Protector, Oliver Cromwell. Y, a su muerte, volvieron los Estuardo (1660-1688) con su tendencia absolutista, represión de la disidencia religiosa (el Test Act excluía a los no anglicanos de cualquier cargo público) y además el último, Jacobo II, como católico trató de restaurar el catolicismo: todo ello provocó la “Revolución Gloriosa” de 1688 por la que, con el apoyo del Parlamento, se entronizó al holandés Guillermo de Orange quien publicará una Declaración de Derechos y una ley de tolerancia religiosa para todos los disidentes no católicos (1689).

A los bautistas ingleses de este siglo los encontramos divididos en varias tendencias (algo no solamente muy bautista, sino muy propio de cualquier organización humana), pero las más destacadas no tanto por tensiones internas, sino más bien porque surgieron de forma paralela. Del puritanismo calvinista inglés surgieron los bautistas particulares cuyo nombre procede de su concepción limitada de la expiación de Cristo (realizada solo por los escogidos); consideraban que la Iglesia Anglicana necesitaba una reforma y fueron los primeros en restaurar tanto el bautismo por inmersión de creyentes como en afirmar su interpretación de que es un testimonio personal de fe en la muerte, sepultura y resurrección de Cristo (se consolidan en Londres en las décadas de los 30 y 40 del s. XVII: en 1644 publicaron su primera Confesión de Fe). Los bautistas generales estuvieron más conectados en sus orígenes con el anabautismo continental y defendían la expiación general o universal de Cristo; consideraban a la Iglesia Anglicana como apóstata y eran más radicales en la necesidad de separarse de ella; en aquellos mismos años aceptaron la concepción citada del bautismo por inmersión de creyentes.

John Bunyan, retrato de Thomas Sadler

Pues bien, John Bunyan (1628-1688) no se encuentra en ninguna de estas dos tendencias predominantes del ámbito bautista. Justo Anderson lo clasifica entre los bautistas independientes. ¿Quiénes eran? Iglesias de teología bautista, pero más abiertas hacia interpretaciones próximas: no tenían problemas en aceptar en sus congregaciones a creyentes paidobautistas, es decir, que no hubieran renunciado al bautismo infantil. Una de estas iglesias se encontraba en Bedford en la que ingresó Bunyan tras bautizarse por inmersión en el río Great Ouse (1653). Dos años después fue elegido diácono y comenzó a predicar. Una controversia nos ayuda a entender su orientación teológica: denunció en uno de sus escritos la insistencia de los bautistas en restringir la Cena del Señor solo para aquellos que habían sido bautizados por inmersión (consideraba que se le daba al bautismo una importancia excesiva, la cual despreciaba a otros cristianos). Pronto le respondieron en otros tratados líderes bautistas como Guillermo Kiffin o Henry Danvers.

Su vida está muy marcada por los acontecimientos políticos y sociales que se dieron en aquella Inglaterra. Por sus concepciones religiosas ingresó en tres ocasiones en la cárcel: la primera al final de la dictadura de Cromwell y los periodos más largos durante la restauración de los Estuardo. La primera vez (1658) estuvo en prisión durante tres meses, pero después, al continuar predicando, se le volvió a encarcelar durante 12 años. Al salir en 1672 se convirtió en el pastor de la iglesia de Bedford. Tres años después volvió a ingresar en prisión donde estuvo seis meses y, tras ser excarcelado, no le volvieron a detener debido a su enorme popularidad.

¿Por qué tanta popularidad? Porque Bunyan se había convertido en un reconocido escritor. En realidad, había recibido en su infancia y juventud muy poca instrucción. Posiblemente su afición a la lectura le vino de su primer matrimonio: su esposa (falleció 6 años después), pietista, aportó como dote dos libros de contenido religioso. También algunas obras de Lutero traducidas al inglés debieron influir mucho en él y, sobre todo, era un apasionado y conocía muy bien la Biblia en la versión King James.

Escribió algunos tratados en controversias con cuáqueros y la línea tradicional bautista. Entre sus obras citamos Gracia abundante al primero de los pecadores (1666) que es una autobiografía espiritual, La vida y la muerte de Mr. Badman (del señor Hombremalo) (1680) o La Guerra Santa (1682) que es una extensa alegoría.

John Bunyan, retrato de Robert White

Pero la más conocida de todas y calificada por Vedder como el libro más traducido a otras lenguas después de la Biblia es El progreso del peregrino. Muchos la tendremos en nuestra biblioteca y los más mayores recordarán un póster que se enmarcaba en muchos hogares de cristianos evangélicos y que, siguiendo esta obra, representaba el camino hacia el cielo del creyente, pues el título original era El progreso del peregrino de este mundo al que está por venir. Lo escribió en la cárcel, principalmente en su segundo y más largo encarcelamiento. Se publicó en Londres en dos partes: la primera en 1678 y la segunda en 1684. Se ha dicho que ha servido de inspiración a muchos creyentes de los siguientes tres siglos y, efectivamente, algunos lo podemos corroborar.

En fin, Bunyan murió en 1688 como resultado de un viaje a Londres en el que acabó muy mojado por la lluvia. Faltaba unos meses para el desembarco de Guillermo de Orange en Inglaterra y un año para la libertad religiosa. Su perfil personal queda por escrito en su autobiografía y el físico en el retrato que nos dejó su amigo Robert White o en el de Thomas Sadler.

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