Por Rubén Bruno, Presidente UEBE

Mi anterior artículo comenzaba así: En estos últimos meses, semanas y días; luego de haber recorrido no sé cuantos kilómetros, de haber visitado nuestras Iglesias, asistido a congresos y participado en diferentes reuniones, meditaba.

Y meditaba en el pasaje de Mateo 9:35 donde se nos relata “que Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, y enseñaba en las sinagogas de ellos, predicaba el evangelio del reino y sanaba toda enfermedad y toda dolencia del pueblo”

Han transcurrido 86 días de confinamiento, es decir 2.064 horas en nuestras casas, ¿un tiempo que hemos perdido? Sin embargo, podemos afirmar que no ha sido así. Podemos afirmar que durante esos 123.840 minutos las Iglesias de nuestra Unión, sus Pastores, sus miembros han recorrido ciudades y aldeas, enseñando y predicando el evangelio del reino. Sí: han estado presentes en todo nuestro país, en nuestros hogares.

Un tiempo de confinamiento, un tiempo donde nuestra agenda quedó sin uso, cancelando viajes y visitas, renunciando a congresos y eventos, aplazando actos y celebraciones.

A pesar de ello, y como siempre, nada ni nadie ha parado al Señor, nada ni nadie ha detenido su mensaje, nada ni nadie ha frenado a su iglesia; sino todo lo contrario; las iglesias y sus Pastores se han desenvuelto de forma sorprendente, y hemos visto la mano de nuestro Señor.

Damos gracias a Dios porque disfrutamos de una tecnología que nos ha acercado, nos ha posibilitado el vernos, continuar alabando a Dios, escuchando la Palabra a través de nuestros Pastores; no solo en las predicaciones, sino también por medio de estudios bíblicos, devocionales y por supuesto nuestra escuela dominical.

Mi labor de visitación (física) se vio mermada, pero multiplicada por los medios: hubo domingos que estuve hasta en cuatro cultos diferentes, recorriendo de norte a sur nuestro país, y por ello quiero agradecer profundamente a los Pastores, sus colaboradores y a las iglesias por el excelente y arduo trabajo realizado, y así poder llevar la Palabra.

He estado en contacto permanente con nuestro Secretario y apoyando su gran trabajo, ya que, desde Secretaria General, una vez consensuado todo, decidimos líneas de actuación y realizamos proyectos ilusionantes y necesarios.

También en la medida de lo posible, estuve en contacto con nuestra Facultad, con nuestros Hogares de Ancianos (Villafranca y Xátiva) y Centros de Rehabilitación (Lorca y Albacete) y por supuesto con nuestros Misioneros, apoyando su valiente decisión de continuar en el campo.

Hemos procurado estar al lado de los que han perdido un ser querido, mostrando nuestro ánimo y amor a través de una sencilla carta personal, y también con llamadas telefónicas para transmitir nuestra cercanía y nuestro apoyo.

Son muchos los que nos han dejado, algunos muy cercanos a nosotros, muchos con la certeza de una vida eterna en la presencia de su Salvador, otros muchos (los más) sin esa certeza ni esperanza, lo cual nos debe animar a continuar “enseñando y predicando el evangelio del reino” sin denuedo, sin perder tiempo, aprovechando las oportunidades.

Es un tiempo que nos ha hecho pensar, que nos ha expuesto a nuestra vulnerabilidad y que nos ha enseñado a que no somos imprescindibles, a que no somos dueños de nada, que dependemos totalmente de Él, que no es mi ahora ni mi yo quiero, sino su hermosa y perfecta voluntad.

Ha sido un tiempo donde una vez más hemos visto las manos de Dios cubrir nuestras vidas, cobijar nuestros hogares, sostener nuestras Iglesias y Pastores; un tiempo de ver milagros tan sencillos, pero tan visibles como proteger a nuestros mayores en nuestras dos residencias de ancianos: Llar d’Avis y Xátiva, ¡¡sin un solo fallecido!!

Se acerca un futuro lleno de incertidumbres, lleno de necesidades sociales y económicas, psicológicas y espirituales, en el que deberemos estar fuertes, confiados, teniendo la certeza de que nuestro Señor está al control de todo. Y ante la desesperación, el miedo y la desesperanza de muchos: tenemos la respuesta en nuestras manos: “Jesús sanaba toda enfermedad y toda dolencia del pueblo”.

Poco a poco vamos regresando a la normalidad o como la han renombrado, una nueva normalidad, en la cual nuestras Iglesias van retomando su habitual andadura, sin falta de medidas y precauciones, a la vez que lo hacen con una visión renovada, con una ilusión y un ánimo.

Sé que mi labor no ha sido perfecta, soy consciente que de un presidente se espera algo más de lo que he podido hacer o hacerlo mejor, por lo que os pido perdón y agradezco que estéis a mi lado en este tiempo.

Termino como no puede ser de otra manera, dando toda mi gratitud al Señor por su cuidado, su protección, su provisión y su guía en todo este tiempo.

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