Por Samuel Escobar, profesor en seminarios bautistas en España y las Américas

No tenemos todavía una idea completa de todos los cambios a que nos va a obligar la pandemia por la que estamos atravesando, esta vez en escala global. Casi siempre me resulta desafiante leer en lo que llamo los “sermones laicos” de la prensa secular lo que se va diciendo al respecto. A su columna de El País Semanal del 12 de abril de 2020 Javier Marías la tituló “Perdonen el escepticismo” y luego con el humor punzante que lo caracteriza escribía: “Escucho y miro opiniones por si alguien piensa algo interesante o sensato o no superficial, si bien las profundidades suelen aparecer más en los tiempos serenos que en los convulsos. Entre las cursilerías y los tópicos vacuos que inevitablemente se deslizan por doquier hay uno reiteradísimo, que se resume así: ‘Espero que de esto salgamos mejores’. No quisiera añadir malos augurios pero lamento sentirme escéptico y disentir de esta esperanza… No, la desgracia no nos vuelve más racionales ni nos enseña lecciones, ni nos rebaja los humos ni el postureo”.[1]

Confieso que más de una vez he escuchado a creyentes evangélicos referirse a la situación con ese mismo escepticismo. Hay quienes opinan, por ejemplo, que al fin de la historia este planeta en que vivimos será destruido por el fuego. Esa postura lleva a la total indiferencia frente a los esfuerzos por mejorar las cosas y atender a las necesidades de quienes más lo necesitan. Lo único valioso que se puede hacer hoy es salvar almas que puedan escapar de la catástrofe final. Ha habido épocas en que los debates teológicos más agudos que dividieron iglesias y denominaciones se basaban en lecturas opuestas de lo que ciertos pasajes de la Biblia dicen al respecto.

Frente al escepticismo, una voz que nos llama a cambiar ha sido la de la filósofa Adela Cortina, de la Universidad de Valencia, quien escribe en la página de Opinión de El País: “En estos días de preocupación más que justificada por una pandemia letal se oyen a menudo dos preguntas: ¿saldremos de ésta? Y ¿qué habremos aprendido para el futuro?…Pero lo que sucederá en el futuro dependerá en muy buena medida de cómo ejerzamos muestra libertad; si desde un ‘nosotros’ incluyente o desde una fragmentación de individuos en la que los ideólogos juegan para hacerse con el poder. Es en este punto donde demostraremos que hemos aprendido algo.”[2] Adela Cortina es persona de convicciones cristianas pero si bien sus escritos muestran la lógica de nuestra fe, ella no utiliza lenguaje religioso.

Estas reflexiones sobre la situación actual me han traído a la memoria un pasaje vigoroso y esperanzador del Apóstol Pablo en la Epístola a los Romanos:

22Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; 23y no sólo ella sino que también nosotros mismos que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos,  esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo. 24Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza porque lo que alguno ve ¿a qué esperarlo? 25Pero si esperamos lo que no vemos con paciencia lo aguardamos. 26Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. 27Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.  

Estos versículos comunican bien la visión de la experiencia actual. Notemos el uso del término ‘gemir’ que el apóstol reitera: 1) La creación gime, 2) nosotros gemimos, 3) el Espíritu intercede con gemidos indecibles. El Diccionario nos dice que gemido es “sonido inarticulado que expresa padecimiento.”[3] Crisis como la actual sacan a luz el hecho de que vivimos en un planeta que gime: la creación gime.

Pablo afirma luego que nosotros los creyentes también gemimos. Pablo parte del hecho de que este planeta y este universo son obra de Dios, creación divina. En este punto me parece que tenemos que reconocer una falla en nuestras iglesias y es que no predicamos suficiente acerca del Dios creador, que ha creado la tierra, que crea al ser humano y le asigna una tarea. Hemos de profundizar en la Palabra de Dios para entender mejor lo que enseña sobre la creación. Un salmo tan hermoso como el 104 afirma con admiración cómo Dios sigue obrando en su creación día tras día. La belleza literaria del Salmo puede día tras día ayudarnos en nuestras devociones. Esa es una certidumbre que nos hace también sensibles. Por eso debemos evitar la actitud que parece decir “Bueno ya somos salvos, tenemos asegurada la redención final así que a despreocuparse del asunto.”

Nosotros gemimos pero eso no nos hace personas desesperadas. Gemimos pero con esperanza porque al aceptar a Cristo como Salvador y Señor, Dios nos da esperanza de una redención final. Notemos que la palabra de esperanza nos dice que Dios está en acción. A veces nuestro mensaje evangélico carga las tintas sobre el juicio de Dios, pero la iglesia es mensajera de esperanza para las personas humanas y para toda la creación. Nosotros gemimos porque tenemos las primicias del Espíritu.

Hemos descubierto que tenemos que vivir obedeciendo al Señor que manda a los humanos a guardar, no explotar y destruir, el planeta en que nos ha puesto. Y el hilo del pensamiento del apóstol nos lleva a la tremenda verdad de que cuando no sabemos cómo orar el Espíritu de Dios “intercede por nosotros, con gemidos indecibles”.

Cierro esta reflexión citando a Howard Snyder, un misionero y teólogo que ha escrito un hermoso libro sobre La salvación de toda la creación. Dice Snyder: “Romanos 8 coloca los gemidos de la creación en una mayor narrativa de esperanza. En vista de la resurrección de Jesús Pablo dice ‘considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros’ (Ro 8:18). En efecto todas las Escrituras son muy realistas en cuanto al dolor y el sufrimiento. Pero Pablo ve el sufrimiento de la creación como ‘dolores de parto’ (Ro 8:22), una imagen esperanzadora.”[4]


[1] Javier Marías, “Perdonen el escepticismo”, revista El País Semanal, Domingo 12 de abril de 2020, p.74.

[2] Adela Cortina, “Los desafíos del coronavirus”, El País, Sábado 16 de mayo, 2020, p.9

[3] María Moliner, Diccionario de Uso del Español, Ed. Gredos, Madrid, 1991; p. 1385.

[4] Howard Snyder y Joel Scandrett, La salvación de toda la creación, Ediciones Kairós, Buenos Aires 2016 ; p.145

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