Por Julio Díaz, Rector de la Facultad de Teología UEBE

TEORÍAS SOBRE EL ORIGEN DE LOS BAUTISTAS 

No existe absoluta certeza sobre el momento en el que los bautistas irrumpen en el escenario histórico. Prueba de ello son las diferentes teorías que pretenden arrojar luz sobre los orígenes de una denominación evangélica que defiende sus raíces neotestamentarias y su comunión con todos los grupos cristianos que a lo largo de la historia han mantenido doctrinas y principios defendidos hoy por los bautistas. 

La búsqueda por parte de los bautistas de sus raíces históricas ha producido hipótesis sobre su origen como la de la relación antipaidobautista (s. XVIII), que defiende el parentesco espiritual ―que no sucesión histórica― de los bautistas con todos aquellos movimientos religiosos que, históricamente, se opusieron al bautismo infantil, entre otros los montanistas (s. II), los novacianos (s. III), los donatistas (s. IV), los paulicianos (s. VII), los petrobrusianos (s. XII) o aún los valdenses primitivos (s. XII), hasta llegar a los anabautistas del siglo XVI. Más lejos aún fueron los defensores de la teoría de la sucesión apostólica (s. XIX), que afirmaron sin ambages la existencia de una línea bautista ininterrumpida ―no ya parentesco espiritual― desde los apóstoles hasta los bautistas modernos, a través de los movimientos religiosos antes mencionados.  

La mayor dificultad con la que tropiezan estas dos teorías sobre el origen de los bautistas tiene que ver con la propia naturaleza de los grupos religiosos disidentes de la Iglesia Católica con los que se quiere buscar una relación espiritual o histórica con los bautistas. Si bien montanistas, novacianos y donatistas fueron movimientos puritanos que enfatizaron la disciplina y la santidad de la Iglesia cuando ésta comenzó a preocuparse más de sus intereses terrenales que de su pureza evangélica, es bien conocido, por otra parte, el valor que concedían a las revelaciones particulares del Espíritu Santo fuera de la normativa bíblica, su ascetismo riguroso, su pronunciado milenarismo o su enseñanza de la regeneración bautismal, por no mencionar otras particularidades, todas ellas doctrinas y prácticas nunca compartidas por los bautistas, por mucho que el bautismo de creyentes fuese uno de sus distintivos.  

La distancia que separa a los bautistas de los paulicianos (s. VII), bogomilos (s. XI) o albigenses (s. XI) ―también considerados por algunos autores precursores de los bautistas modernos― es aún mayor si tenemos en cuenta que éstos eran movimientos dualistas que añadieron al cristianismo elementos gnósticos, astrológicos y maniqueístas, produciendo un cristianismo sincretista, aunque destacaron por su estilo de vida.  Los petrobrusianos (s. XII), junto con los enricianos (s. XII) y los arnoldistas (s. XII), fueron sectas medievales que procuraron la regeneración ética y moral de la Iglesia Católica medieval y, aunque cuestionaron sus doctrinas y prácticas, sirviendo de fermento a la Reforma Protestante del siglo XVI, sus líneas de actuación estaban más dirigidas a condenar la corrupción y el poder temporal de la Iglesia Católica que a proponer una reforma en profundidad de la teología católica romana. Los bautistas, como la mayoría de las denominaciones protestantes, se sienten espiritual y moralmente vinculados a aquellos conatos de reforma de la Iglesia que precedieron a la Reforma Protestante del siglo XVI, de los que Pedro Valdo (c. 1170) y los valdenses (s. XII), Juan Wycliffe (c. 1329-1384) y los lolardos (S. XIV) y Juan Hus (1373-1415) y los husitas y posteriormente los Hermanos Bohemios (s. XV), son claras expresiones. Lo mismo cabe decir de su identificación con la Reforma Protestante, de la que también se sienten herederos a través de una de sus expresiones, como son las iglesias radicales o libres.    

 Finalmente, los avances en la investigación histórica han conducido a la teoría que goza de mayor aceptación entre los investigadores del movimiento bautista: la teoría de la restitución separatista (finales del s. XIX), que establece que la denominación bautista comenzó en la Inglaterra del siglo XVII, como una fase posterior del separatismo puritano que rompió progresivamente con la Iglesia Anglicana, y que será considerada posteriormente. 

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