Por Emilio Cobo, Pastor y Director Ministerio de Juventud UEBE

TEXTO BÍBLICO: 1 TIMOTEO 5:1-2 

No reprendas al anciano, sino exhórtalo como a padre; a los más jóvenes, como a hermanos; a las ancianas, como a madres; a las jovencitas, como a hermanas, con toda pureza.

Que vivimos en una sociedad cada vez más envejecida es algo que todos sabemos, a tenor de las estadísticas demográficas que en los últimos tiempos destacan que la esperanza de vida es mayor y que la tasa de natalidad está en porcentajes negativos. La juventud se enfrenta con un grupo cada vez más grande e influyente de personas que superan ampliamente la década de los sesenta y los setenta años, y tal vez esta sea una de las razones por las que la innovación y los deseos de rejuvenecer las estructuras sociales, económicas, políticas y religiosas no surtan su efecto en nuestro país. En términos globales, aun coexistiendo en un entorno multigeneracional, las tiranteces y las tensiones intergeneracionales marcan muchas de las directrices sociales que se intentan observar. Si esto lo trasladamos a la realidad eclesial, por norma suelen existir bastantes diferencias de criterio en cuanto a cómo debería ser la comunidad de fe, qué estilo imprimir a la liturgia y al culto de adoración, qué clase de enseñanza y predicación ofrecer a las nuevas hornadas de posibles creyentes, etc. 

Lo cierto es que existen muchos tópicos y prejuicios entre ambos polos de la misma existencia del ser humano. Los jóvenes, por un lado, recurren al edadismo, a conductas discriminatorias hacia las personas mayores, a juicios negativos y a la marginación social por cuestiones relacionadas únicamente con la edad. De ahí a la gerontofobia, al rechazo de los más ancianos de la sociedad, solo hay un paso. Desde foros que involucran a grupos de presión juveniles, las personas de edad provecta son personas enfermas, dependientes, solitarias, aisladas, con problemas de memoria, rígidos e incapaces de adaptarse a los cambios, así como muy poco hábiles para aprender cosas nuevas o para ser productivos socialmente hablando. En lugar de reconocer en ellos la experiencia como valor de un precio incalculable, o una sabiduría vital que reconoce la historia como un instrumento realmente útil para evitar cometer los errores del pasado, los jóvenes los atropellan y ningunean sin ningún tipo de remordimiento. El anciano debe dejar paso a las nuevas generaciones, del mismo modo que un móvil queda obsoleto o un objeto deja de tener utilidad por el desgaste, y deben ser arrinconados y olvidados en lugares creados para no tener que contemplar la decrepitud física o la decadencia mental a la que, en su debido momento, estarán expuestos, sin excepción. Ya lo dijo François de La Rochefoucauld, escritor francés del s. XVII: «La vejez es un tirano que prohíbe, bajo pena de muerte, todos los placeres de la juventud». 

Por el otro lado, también existe en las personas de edad avanzada una idea de que la juventud es un escalón vital subordinado a la adultez, una etapa existencial en proyecto, un estadio de la vida que no es capaz de asumir responsabilidades y compromisos y un período de edad en el que no existe sensatez, prudencia o entendimiento. Ya lo dijo William Shakespeare: «Los viejos desconfían de la juventud porque han sido jóvenes». El joven, como tiene mucho que aprender de los mayores, es ubicado en ámbitos controlados, en hábitats menores, y en trabajos y tareas de menor importancia y relevancia. Los jóvenes son alocados, impresionables, influenciables, volubles, caprichosos, impetuosos y rebeldes. Ser joven para muchas personas que peinan canas es ser de poco fiar. No se le puede dar carta blanca a todo cuanto se les pase por la mente, no se les debe entregar el bastón de mando de una empresa, de una institución o de una iglesia, no son aptos para determinar qué es correcto y qué no lo es. Al joven hay que domarlo, amaestrarlo, someterlo y convertirlo en un clon exacto de las generaciones pasadas. El statu quo es preciso mantenerlo desde la gerontocracia, y solo desde el gobierno de los ancianos es posible la estabilidad social y política. 

Quizás ambas partes tengan motivos para pensar así los unos de los otros. Tal vez pecan a la hora de generalizar actitudes y etiquetas. Es posible que tanto unos como los otros deban integrarse equilibradamente en la sociedad, la política y la religión, sin renunciar a todo lo bueno y provechoso que ambos grupos de edad tienen. Y creo que eso es precisamente lo que la Iglesia de Cristo debe procurar y buscar después de todo. Más allá de las lógicas tensiones creadas en el seno de la comunidad de fe cristiana por razón de las diversas maneras de analizar la espiritualidad, la liturgia doxológica o las necesidades de la congregación, lo que debe primar siempre es el respeto, el cual se convierte en una respuesta al amor mutuo que todos los miembros de la Iglesia, jóvenes o ancianos, deben profesarse. La labor pastoral entra en esta clase de situaciones para gestionar y elaborar relaciones intergeneracionales edificantes, que ofrezcan un testimonio positivo de la vocación cristiana que une a todos los grupos de edad, y que operen en sintonía y armonía con el fin de que el evangelio de Cristo sea algo auténtico en el contexto interno y externo de la iglesia. 

Las relaciones entre generaciones son muy complejas, y demandan de una calidad pastoral muy personalizada y mesurada. Ni como joven es recomendable afear desagradable y públicamente la conducta impropia de un anciano o anciana, ni como par se debe dar cabida a una mal entendida confianza que acaba en un tuteo deshonroso y muy poco decoroso. Como padres, hijos y hermanos, todos los que participan de la comunión espiritual dentro del marco de la Iglesia han de exhibir un carácter humilde, receptivo a las amonestaciones, y puro en su mirada y atención. Somos Iglesia, y lo somos todos, ancianos y jóvenes, unidos y comprometidos con una misma misión: que los de afuera reconozcan que somos discípulos de Cristo a través de una red de relaciones de respeto, reverencia y sometimiento amoroso recíproco. 

Leave a Reply

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, haga clic en el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies