Por Julio Díaz, Rector de la Facultad de Teología UEBE 

Los anabautistas se extendieron, principalmente, por Alemania, los Países Bajos, Moravia y Bohemia, adoptando diversas formas y nombres: los Hermanos bohemios y los huteritas, desde 1526, representados por Baltasar Hübmaier, Hans Hut (¿?-1527) y Jacob Hutter (¿?-1536); los Hermanos de Alemania, a partir de 1526, con líderes como Michael Sattler (¿?-1527) y Pilgrim Marpeck (¿1495?-1556), o los Hermanos de los Países Bajos y los menonitas, representados por Obbe Phillips (c.1500-1568), Dirk Phillips y Menno Simons (1496-1561). Defendieron la autoridad de la Biblia en la vida cristiana, con una interpretación literal de la misma en lo que respecta al Nuevo Testamento. Su ideal era el retorno al modelo de la iglesia primitiva, no pretendiendo reformar la Iglesia Antigua por medio de la Biblia, sino restaurar a la iglesia primitiva de la Biblia. Entendían la iglesia local como una agrupación de creyentes en Jesucristo voluntariamente congregados, y practicaron el bautismo de creyentes, el gobierno congregacional de la iglesia, la libre voluntad en la experiencia de la salvación, la santidad de vida y la evangelización de los inconversos. Insistieron en la separación entre los dos mundos -el malo presente y el santo venidero-, entre la Iglesia y el Estado, entre los que seguían el discipulado y los que se apartaban. Entre los huteritas, llegó a practicarse la comunidad de bienes como expresión de su ruptura con el mundo. No es de extrañar, entonces, que los bautistas encuentren en el anabautismo bíblico y en la Reforma Radical sus precedentes espirituales más inmediatos.

Menno Simons

Menno Simmons, ex-sacerdote católico que quedó impresionado por la muerte del primer mártir anabautista de los Países Bajos, Sicke Freercks (Leeuwarden, 1531), fue iniciado en el anabautismo por Obbe Phillips, y desde 1536 dedicó su vida a reagrupar a los anabautistas perseguidos y esparcidos por la persecución, y a dotarles de una infraestructura básica, que tomó cuerpo en torno a tres conceptos: 1) Discipulado en pos de Cristo y separación del mundo; 2) Una iglesia compuesta por cristianos comprometidos con Dios y en el compañerismo cristiano; y 3) No violencia y amor  a los enemigos. En agradecimiento a la digna labor de Simmons, un sector de anabautistas del ala evangélica y no revolucionaria de los Países Bajos y Alemania -ajenos al reino teocrático de Münster- adoptaron el nombre de menonitas, hasta hoy.

Los anabautistas evangélicos no produjeron teólogos renombrados, porque su prioridad fue siempre sobrevivir en medio de las adversidades que se abatieron sobre ellos, lo que impidió que se dedicaran a una reflexión teológica sistematizada. Así, se centraron en una teología práctica, en el desarrollo de la vida cristiana, por lo que sus escritos tienen un contenido más práctico que teológico. Para la teología clásica, dependían de la teología reformada. La Confesión de Schlectheim (1527) es el primer tratado comunitario donde se expone la teología anabautista, si bien en 1524 Baltasar Hübmaier había escrito un tratado titulado Dieciocho disertaciones concernientes a la totalidad de la vida cristiana, y en qué consisten. La confesión de Schlectheim fue redactada por Michael Sattler en 1527, y aceptada por una asamblea representativa de anabautistas alemanes en Schlatten el 24 de febrero de 1527. Esta confesión tiene como argumento principal los puntos donde los anabautistas difieren de la teología reformada clásica: el bautismo de creyentes, disciplina de la iglesia sin intervención estatal, la Santa Cena en el significado simbólico de los elementos, separación del cristiano de lo mundano, el pastor sostenido por la iglesia y no por el Estado, prohibición del juramento y abstención de toda forma de violencia, pacifismo. Estas y otras enseñanzas cardinales del anabautismo evangélico fueron recogidas en sucesivas confesiones de fe, siendo las más importantes La disciplina de la iglesia (1527), Ridemann’s Rechenschaft (1540), La confesión de los Waterland (1580) y La Confesión de Dordretch (1632).

Si bien el movimiento anabautista rescató el concepto del bautismo de creyentes que sigue a la fe personal, al menos en una primera etapa no se prestó mucha atención a la forma en que se administraba, que fue tanto por afusión como por inmersión. En todos los casos tenía el significado simbólico del lavamiento del pecado efectuado por la sangre de Jesucristo en el momento de la conversión. Los primeros bautismos realizados en el momento de la constitución del anabautismo el 21 de enero de 1525 fueron por afusión, pero se sabe que en febrero de este mismo año, Conrad Grebel bautizó por inmersión en el río Rhin a Wolfgang Ulimann, un ex-fraile, cerca de Scheuffhausen, Suiza. Antes de bautizarse, Ulimann había asimilado las convicciones anabautistas, que le condujeron a solicitar el bautismo de manos de Grebel.[1] En Polonia se formó en el siglo XVI una comunidad anabautista, que en 1574 publicó un catecismo en el cual se limitaba el bautismo a los adultos, definiendo éste como “la inmersión en agua y la emersión de una persona que cree en el evangelio y se arrepiente…”.[2]


[1] J. Kessler, en William R. Estep, Revolucionarios del siglo XVI. Historia de los anabautistas (El Paso, TX: Casa Bautista de Publicaciones, 1975), p. 35
[2] A. H. Newman, A history of anti-pedobaptism (Filadelfia: American Baptist Publication Society, 1896), pp. 336, 337.

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