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Por Julio Díaz, Rector de la Facultad de Teología UEBE 

En 1616, una iglesia separatista ubicada en el barrio de Southwark de Londres, y pastoreada por Henry Jacob (1563-1624), hombre culto educado en Oxford, se organiza de acuerdo al modelo congregacionalista después de una visita de Jacob a Holanda, en la que conoció a congregacionalistas como John Robinson (1575-1625). Debido a la persecución religiosa en Inglaterra, Jacob emigró en 1624 a la colonia de Virginia, donde falleció.

Tras la partida y fallecimiento de Robinson, la iglesia eligió en 1625 como pastor a John Lathrop (m. 1653), quien, después de ser encarcelado en 1632, emigró a las colonias americanas en 1634, acompañado de treinta miembros de la congregación. Durante el pastorado de Lathrop, el recrudecimiento de la persecución contra los disidentes de la iglesia anglicana durante el reinado de Carlos I (1600-1649) provocó en la congregación un debate acerca de la legitimidad del bautismo que habían recibido sus miembros en el seno de la iglesia anglicana, que, desde el punto de vista de un sector de la iglesia, no tenía validez, por haber sido administrado por clérigos cuyo ministerio no reconocían. No todos pensaban así, pues otro sector de la congregación era de la opinión que la validez del bautismo no dependía de quién lo administraba, sino del hecho de recibirlo en obediencia al mandamiento de Jesucristo. Este debate interno desembocó en ruptura, pues un grupo de los que rechazaban el bautismo recibido de manos de ministros anglicanos, liderado por un tal Dupper, decidió separarse de la iglesia de Southwark y tener su propia existencia como iglesia. En 1633 se separó de la iglesia otro grupo de diez personas, liderado por Marcos Lukar y Thomas Sheppard, que formaron una congregación que exigía un nuevo bautismo a los procedentes de la iglesia anglicana, mientras seguía manteniéndose el bautismo infantil.[1] No tardaron en seguirles otras ocho personas de Southwark, entre ellas Samuel Eaton (¿? – 1665), elegido pastor, y Richard Blunt (¿? – 1656).

En 1637, tres años después de la partida de Lathrop al Nuevo Mundo, Henry Jessey (1603-1663), educado en Cambridge, se convirtió en el nuevo pastor de la congregación de Southwark. Al comienzo de su pastorado se produjo una nueva división en la iglesia, hecho que tuvo lugar en 1638, protagonizada por algunos miembros que sostenían que solo los creyentes debían ser bautizados, rechazando el bautismo infantil como no bíblico. Al frente de ellos estaba John Spilsbury, que fue elegido pastor del grupo saliente. Aunque al principio constituyeron entidades separadas, poco después de 1639 la iglesia pastoreada por Spilsbury se unió a la que pastoreaba Eaton. Spilsbury continuó como pastor de la iglesia unida, y todo parece indicar que Eaton fue nombrado maestro. En 1643, Spilsbury redactó Un tratado concerniente a la legítima forma del bautismo, obra en la que exponía su punto de vista sobre el bautismo, y que reeditó en 1652. «La congregación resultante, bajo Spilsbury (…) era calvinista en su teología, brownista en su eclesiología y bautista en su insistencia en el bautismo de creyentes»,[2] aunque todavía no había establecido la inmersión como única forma de bautismo aceptada, lo que ocurriría en 1641. Por el momento, no conocían en Inglaterra ninguna iglesia digna de administrar un bautismo que ellos pudieran considerar válido.

El debate acerca del significado y forma en que debía administrarse el bautismo continuaba en Southwark, lo que terminó por desagradar a algunos de sus miembros, que en 1640 decidieron separarse de mutuo acuerdo de la iglesia de Southwark y establecerse en otro lugar, Fleet Street, con el fin de mantenerse fieles a los principios del congregacionalismo, en el que habían sido instruidos por Jacob. El grupo saliente eligió como pastor a Barebone, mientras que Henry Jessey continuó siéndolo del que permaneció en Southwark. En 1654, la iglesia de Fleet Street abandonará la práctica del bautismo infantil y aceptará el de adultos y por inmersión, convirtiéndose así en una iglesia bautista.

Como la separación entre las iglesias pastoreadas por Jessey y Spilsbury había sido amistosa, los contactos entre ellas continuaron. Fueron precisamente estos contactos los que provocaron una discusión entre Jessey y Blunt acerca del modo en que debía administrarse el bautismo. Ambos se entregaron a un profundo estudio bíblico, llegando a la conclusión que las Escrituras enseñan que el bautismo debe realizarse por inmersión. Así lo hicieron saber a sus respectivas congregaciones, que acordaron enviar a Blunt a Holanda para investigar sobre este asunto, habiendo sido informados por otros separatistas que en este país existía un grupo de menonitas, los colegiales (o colegiantes, también conocidos como Rhynsburgers), que practicaba el bautismo por inmersión. Blunt, que conocía el holandés, partió para Holanda en 1640, donde pasó un tiempo con los Rhynsburgers, y en particular con el maestro Jan Batten de Leyden, con el que tuvo amplias conversaciones acerca del bautismo de creyentes y por inmersión. Cuando regresó a Inglaterra en 1641, informó a su iglesia acerca del buen recibimiento que le habían dispensado los menonitas, y de sus descubrimientos acerca del bautismo por inmersión. La iglesia aceptó la información que Blunt trajo, y decidió ser consecuente con ella, bautizándose todos por inmersión en profesión de su fe en Jesucristo y en virtud del pacto que individualmente establecían con Dios y con la iglesia. Nacía así la primera iglesia bautista particular de Inglaterra, que a su teología calvinista y su eclesiología congregacionalista añadía el bautismo de creyentes por inmersión como única forma bíblica de bautismo.

La iglesia de Southwark, pastoreada por Jessey, no tardó en seguir los pasos de la congregación liderada por Spilsbury. Jessey, aunque convencido del respaldo bíblico a la forma de inmersión en el bautismo, continuaba bautizando infantes de este modo. Hanserd Knollys (m. 1691), un miembro de su congregación que había emigrado a las colonias americanas regresó a Inglaterra en 1641, persuadido del bautismo de creyentes. Sus argumentos terminaron por convencer a Jessey y a la iglesia, que aceptaron esta práctica, actuando en consecuencia.

En 1644 ya había en Londres siete iglesias bautistas particulares, que publicaron una confesión de fe común, La confesión de Londres (1644), en la que recogen los principios del bautismo de creyentes por inmersión, la libertad religiosa para todos y la doctrina calvinista de la expiación particular, es decir, que Cristo murió únicamente por los elegidos. Para 1651 todos los bautistas ingleses, generales y particulares, ya habían adoptado el bautismo por inmersión.

 

[1] Justo Anderson, Historia de los bautistas, tomo II (El Paso, TX: Casa Bautista de Publicaciones, 2001. 3ª edición), p. 81.

[2] Ibid., pp. 81-82.

 

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