Por Julio Díaz, Rector de la Facultad de Teología UEBE 

Son numerosos los investigadores que ven en los anabautistas («rebautizadores») evangélicos del s. XVI propulsores de la llamada Reforma Radical los antecesores históricos de los bautistas. El origen histórico del movimiento anabautista evangélico se sitúa en Zúrich, entre los discípulos del reformador suizo Ulrich Zwinglio (1484-1531), quien, a partir de 1522, y con el apoyo del gobierno cantonal, emprendió una importante tarea de reforma religiosa en el cantón de Zúrich, que pronto se extendió a otros cantones suizos. Zwinglio contó con el apoyo decidido de aquellos que deseaban una verdadera reforma de la Iglesia, entre los que se encontraban Conrad Grebel (c.1498-1526), Félix Manz (c.1498-1527), Wilhelm Reublin (c.1482-c.1559) y Georg Blaurock (c.1492-1529). Posteriormente, se añadieron al grupo Baltasar Hübmaier (1480-1528), ex-sacerdote católico, y Hans Huiuff, de origen alemán, quien les trajo noticias de la reforma alemana y una copia de uno de los escritos de Thomas Müntzer (c.1488-1525), seguidor de Martín Lutero (1483-1546), aunque más radical en sus propuestas: De la fe espuria, escrito por éste en Allstedt en 1523, e impreso en 1524, rechazaba radicalmente el sacramentalismo.

A pesar de las intenciones iniciales de Zwinglio de llevar la Reforma en Zúrich hasta sus últimas consecuencias, lo que le granjeó el apoyo incondicional de sus seguidores, después de debates públicos y discusiones doctrinales, Grebel y sus compañeros llegaron a la conclusión que Zwinglio, para no perder el apoyo político que le brindaba el gobierno cantonal, había decidido posponer algunas de sus propuestas iniciales de reforma. Zwinglio cedió ante el gobierno cantonal en lo relacionado con el significado de la misa, el uso de imágenes y la celebración de la eucaristía según el rito romano, manteniendo cautelarmente estas prácticas. Pero la cuestión decisiva que originó la ruptura con Zwinglio por parte de Grebel y sus compañeros tuvo que ver con el bautismo infantil, que Zwinglio defendió, pese a haberse manifestado en otro tiempo contrario a esta práctica.

En septiembre de 1524, los descontentos con la política religiosa de Zwinglio sumaban veinte hombres, y decidieron organizarse. Adoptaron el nombre de Hermanos suizos, y en el otoño de este mismo año contactaron con los reformadores alemanes con la intención de conseguir su apoyo moral. Escribieron a Lutero, que no les respondió, y a Müntzer. Grebel y sus compañeros esperaban encontrar en este último una buena acogida a sus preocupaciones, pues sabían de su crítica a una fe impuesta por las autoridades, pero se equivocaron en cuanto a su posible apertura respecto a las críticas que ellos tenían hacia él. No conocían su misticismo, su desprecio al biblicismo y su apocaliptismo. En su carta a Müntzer, Grebel, en nombre del grupo, critica la postura de Zwinglio, acusándole de tolerante con las ceremonias y prácticas católicas. También manifiesta su rechazo a la iglesia de Zwinglio, llamándola contemporizadora y superficial, esbozando, por su parte, su proyecto de una iglesia minoritaria que cree y practica correctamente las enseñanzas bíblicas. La carta de Grebel recoge que el bautismo y la Cena del Señor deben realizarse en su forma apostólica, que la Cena del Señor debe celebrarse de forma sencilla, en los hogares de los creyentes, sin vestidos clericales, con pan y vino simplemente y seguida de una comida fraternal en señal de compañerismo. En cuanto al bautismo, debía ser únicamente para adultos convertidos y regenerados espiritualmente, sin ningún carácter sacramental.[1]

Las críticas de Grebel y Manz a Zwinglio por la cuestión del bautismo resultaron en un debate teológico que se celebró en Zúrich el 17 de enero de 1525. En espera del resultado del debate, algunos padres habían aplazado el bautismo de sus hijos, pero las autoridades cantonales ordenaron bautizarlos después del mismo, prohibiendo, al mismo tiempo, a Grebel y Manz hablar más sobre este asunto. La orden de bautizar a los niños pareció a Grebel y sus compañeros una contradicción de las enseñanzas bíblicas, y se reunieron con sus compañeros en la casa de Manz la tarde del 21 de enero de 1525. En este encuentro, Grebel bautizó a Blaurock a petición de éste por afusión, y seguidamente fueron bautizados de la misma forma los demás asistentes a la reunión. Nacía así el movimiento anabautista. Celebraron reuniones durante la semana siguiente en Zollikon, en la orilla oriental del lago de Zúrich, y los que confesaban su fe personal en Jesucristo eran bautizados. Cuando el movimiento anabautista comenzó a crecer, el gobierno de Zúrich, después de aplicar otras medidas represivas, decretó la pena de muerte para los culpables de anabautismo. Félix Manz fue ahogado en el río Limmat el 5 de junio de 1527, y Grebel no corrió idéntica suerte porque había muerto a causa de la peste en el verano de 1526. Así empezaron las persecuciones que terminaron con las vidas de miles de anabautistas en toda Europa durante la primera década de existencia del movimiento, tanto a manos de católicos como de protestantes.


[1] John H. Yoder (copilador), Textos escogidos de la Reforma Radical (Buenos Aires: Editorial La Aurora, 1976), pp. 131-145.

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