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Por Lola Calvo, traductora y diseñadora gráfica

La inteligencia artificial (IA) llegó para no marcharse, envuelta con premisas que condicionan la percepción que podemos tener de ella y de sus aplicaciones. ¿Volverá la ciencia a toparse con una actitud medrosa y beligerante por parte de los siempre presentes «creyentes-defensores» de un dios que ya dijo la última palabra sobre lo creado y sus criaturas?

El desarrollo de la IA nace de ese deseo imparable del ser humano de traspasar lo desconocido. Es fruto de esa esencia y presencia divinas en cada uno de nosotros que tiende a crear y seguir su intuición de ir hacia el descubrimiento. ¿Puede la fe sentirse agredida por la ciencia? ¿Deberá poner límites éticos y morales?

Hace unos meses la publicidad de Cruzcampo nos sirvió en pantalla una réplica virtual de la famosa Lola Flores. Después de un trabajo con cinco mil imágenes, datos morfológicos, operaciones 3D, dos softwares y un trabajo exquisito, la folklórica hablaba y sonreía como antaño. Aquellos que habéis visto la serie 30 monedas de Alex de la Iglesia habréis comprobado cómo gracias al deepfake los protagonistas disponían de sus propias versiones juveniles sin cambiar de actor. En estos días, supimos de un nuevo experimento a manos del jáquer Chema Alonso y su equipo; esta vez la IA imita el estilo de Pérez-Reverte, quien facilitó que se metiera en la coctelera sus obras de Las aventuras del capitán Alatriste, Cabo Trafalgar y Don Quijote, para obtener su cadencia, ritmo y estilo en la escritura.

Se nos dispara la imaginación pensando dónde nos lleva la suplantación de personalidades, quién tendrá derecho a nuestra imagen después de muertos, si habrá o no realidad en lo que veremos y oiremos en breve. Algo de indefensión y por consiguiente de miedos se nos disparan. ¿A qué nos enfrentan los algoritmos de la IA? El panorama es desasosegante y apasionante a la vez. Las posibilidades nos parecen ya infinitas al igual que sus consecuencias.

Y Sofía, único robot humanoide, nos dejaba anonadados con su capacidad de respuesta a las preguntas lanzadas por Pablo Motos en «El hormiguero» de Antena 3. Esta vez, la humanización con un rostro de mujer y cráneo transparente para que su maquinaria pueda refrigerarse, esboza un futuro inquietante y más cercano.

El robot no tiene conciencia propia mientras que el ser humano tiene autoconciencia. La IA solo es una herramienta que, bajo programación basada en miles y millones de datos, puede detectar emociones, e incluso, a través de juegos de palabras, tener un cierto sentido del humor.

Alex Beard, educador, investigador y escritor, se plantea ¿cómo será el futuro de nuestros hijos? ¿Será un lugar sin sitio para los humanos? «Desarrollemos habilidades para adaptarnos», nos dice, al tiempo que advierte del peligro que suponen estas tres ideas: las máquinas aprenden más que los humanos, que todo sea fácil de usar y que todo esté automatizado. Nuestros cerebros orgánicos deberán interactuar con los demás; ser rebeldes y aprender con todos nuestros sentidos de forma holística; replantearnos nuestra propia educación desarrollándonos más en aquello que no puede hacer la IA por sí misma. Es decir, potenciemos nuestra curiosidad, nuestra creatividad y nuestro pensamiento crítico.

Deberíamos entender lo que el futuro nos demanda: trabajo en equipo y excelente comunicación. Tenemos grandes tesoros a nuestro favor —donde la IA no llega—, como son: el amor, la empatía, ganarse la confianza del otro y campos unidisciplinarios.

Beard concluye que la educación y los educadores —primeros en recibir entrenamientos y renovación permanente—, son la clave para adaptarnos al cambiante siglo XXI recién estrenado. En el futuro, enseñar será una de las profesiones más importantes con una formación en la que no podrá faltar la neurociencia, la psicología, aparte de dominar un área específica.

El taiwanés Kai Fu Lee, científico informático, lleva 40 años trabajando con la IA, práctica que intenta aprender de la inteligencia de los humanos. Su primer logro, en 1983, fue el reconocimiento de voz; más tarde nacerían Siri y Alexia, dispuestas a ayudarnos cada día. Entre otras advertencias, Lee insiste en que la ciencia-ficción no es real y nos distorsiona nuestra percepción sobre la IA.

La IA quitará los trabajos monótonos con los que no podremos competir, es decir aquello que requiere memoria, estudio, conceptualización, resolución de tests, fechas, ecuaciones, fórmulas matemáticas. Tampoco podremos competir en aquellos que requieran de seguridad y precisión o trabajos cognitivos-administrativos. Aunque los ordenadores no sabrán hacerlo todo, en unos tres años ya estarán preparados para adivinar lo que queremos.

A diferencia de los humanos que tenemos autoconciencia, la IA no tiene conciencia propia. No seremos humanos-robots, sino humanos-creativos, pensadores críticos. Lo que no puede hacer la IA es tener amor, empatía, saber cómo ganarse la confianza de alguien, por ejemplo. Estos campos y su aplicación nos seguirán perteneciendo.

La educación idónea para adecuarnos a todos los cambios —que llevan ya en marcha unos años y serán en los próximos una realidad extendida en muchos campos—, estará basada en lo que necesitaremos para vivir y ser felices. Para ello es imprescindible fomentar desde niños la curiosidad, el pensamiento crítico y la creatividad, sin olvidar el trabajo en equipo y la comunicación, además del gusto por el trabajo, disfrutar con aquello que hacemos, pasarlo bien experimentando. Todo ello nos prepara para ser más resilientes en el mundo al que tenemos que enfrentarnos.

Quiero pensar que la amenaza no es en sí misma la IA, sino el uso que derivará de ella, lo cual pone una vez más en cuestión, ¿hasta dónde pueden llegar las aspiraciones de los seres humanos? Al tiempo entrevemos que depende de nosotros ser capaces de poner la IA a nuestro favor.

Es tiempo de confiar en las capacidades que nuestro Creador puso en nuestro cerebro orgánico para afrontar los desafíos y no perder la sintonía con su creación.

Fuentes: Kai Fu Lee, IA · El Mundo, Sofía, robot humanoide · El Periódico · La Vanguardia · Alex Beard, IA cómo educar para los retos del futuro. · Chema Alonso, la Lengua en la IA. · Cruzcampo, Así se hizo «Con mucho acento» · 30 Monedas, detrás de la serie.

 

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