Por Lola Calvo, traductora y diseñadora gráfica

Vacuna COVID-19: ¿sí o no?

¿Sí o no? Entre estos paréntesis se debate exhaustivamente nuestra atención. Después de meses de cohabitación con un «bicho asesino» —como dice un amigo—, una de las primeras consecuencias es un exceso de información, no siempre de buenas fuentes, que acaba poniéndonos en guardia sobre la credibilidad de cuanto escuchamos y leemos. Pasamos de ser críticos a ser escépticos. Triste cuestión sospechar de «la verdad» (hoy llamada transparencia) que ya no nos sirve para poder ejercer nuestro derecho de elección.

Vivir se ha convertido para muchos en estar sobrecogidos e innecesariamente irritables. Aflora en los ojos de los que se cruzan resquemor, cierto miedo hacia el otro. ¿Cuánto tiempo tendremos que sentirnos raros en nuestra propia piel o temer por si llega ese anunciado enemigo silencioso que nos trastocará la vida? Sin duda una vacuna eficiente sería necesaria.

Caminos y atajos

El doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS dice: «La COVID-19 es un desafío sanitario mundial desconocido que no se conseguirá sin una cooperación sin precedentes, entre los buscadores, los fabricantes y los socios multilaterales. Poniendo en común los recursos y actuando de manera solidaria en el marco del Acelerador ACT y el Mecanismo COVAX[1], podremos actuar de forma que cuando una vacuna COVID-19 esté disponible, todos los países se beneficiarán equitativamente».  Esto al menos parece un loable intento para contener la ambición humana.

Todos los continentes y más de la mitad de las economías del G20 pugnan por encontrar una solución; forman un grupo compuesto por 172 países (92 de bajo presupuesto público y 80 con suficiente presupuesto) que representa a más del 70% de la población mundial. Nueve vacunas de distintos países están en curso, en fases distintas y sostenidas por la CEPI[2]. Las fórmulas y procesos empleados en cada laboratorio son distintos y deberían servirnos para tomar nuestras propias conclusiones. Muy sintetizado, vemos algunos ejemplos:

Desarrollada por Moderna, EEUU, su «mRNA-1273» se basa en una tecnología distinta a la de cualquiera de las vacunas actualmente disponibles. En lugar de inocular virus para inducir una respuesta inmunitaria como hacen las vacunas tradicionales, o de inocular directamente las proteínas que generarán esta inmunidad, esta nueva vacuna inocula instrucciones genéticas. Son estas instrucciones, codificadas en moléculas de ARN, las que producirán las proteínas para estimular la inmunidad contra el virus.

Rusia anuncia en agosto 2020 que serán los primeros en registrar una vacuna de «inmunidad duradera» contra el SARS-CoV-2, el virus que provoca la COVID-19. Desarrollada por el Instituto de Investigación Gamaleya de Moscú, la vacuna «Sputnik V» registrada por el Ministerio de Sanidad ruso solo tiene autorizado su uso en casos de emergencia. Los datos sobre los ensayos no han sido publicados. Muchos científicos (entre ellos rusos) temen que la vacuna empiece a suministrarse entre la población a gran escala.

Transparencia y veracidad

Un requisito para los procesos es la publicación en revistas científicas del desarrollo de los medicamentos y vacunas. Contribuye a compartir y corregir resultados.

La empresa farmacéutica Sinovac, china, asegura que «CoronaVac» está en la fase 3 de los ensayos clínicos. El 90 por cierto de sus empleados y sus familias (entre 2.000 y 3.000 personas) se someterán a su vacuna experimental de forma «voluntaria».

La Universidad de Oxford y la empresa farmacéutica AstraZeneca esperaban tener una vacuna disponible en el primer semestre de 2021. Los investigadores de Oxford encontraron anticuerpos contra SARS-COV-2 a las dos semanas de inocular a los animales la vacuna. De las fases 1 y 2 ya se han publicado los resultados (543 personas entre los 18 y 55 años). Mostraron un claro aumento de anticuerpos y la máxima intensidad de síntomas fue el día posterior a la vacunación y terminaron antes de 7 días. En ningún caso fue requerida hospitalización. Aún faltan las pruebas en franjas de edad más amplias. Nos tranquiliza la decisión tomada por AstraZeneca de interrumpir el proceso y poder analizar la aparición de «una enfermedad potencialmente inexplicable» en un paciente vacunado. España esperaba recibir tres millones de dosis que sin duda sufrirán un retraso, pero al menos con la garantía de un proceso que respeta los tiempos de pruebas. Es necesario comprender los riesgos inherentes a las vacunas y su comportamiento en los diversos grupos que son vacunados. Solo así, habrá pruebas fiables de su eficacia.

Tiempo de cocción

Cualquier intento de saltar las pruebas pertinentes en la obtención de una vacuna contra la COVID-19 no sería ni seguro ni ético ya que se obtendría una vacuna de dudosa fiabilidad, y probablemente el posible rechazo masivo entre la población. Estos procesos pueden llevar años, aunque ha habido plazos que se pudieron reducir sensiblemente dada la gravedad de la situación, pero en ningún caso se saltaron las fases de los ensayos clínicos.

Y al final…

Lo que es cierto es que una vacuna no solo protege a quien se la pone sino al conjunto de población. Por lo tanto, deberemos tener una actitud responsable respecto a su aplicación. Quizás no seamos capaces de entender los procesos, pero debemos recuperar nuestro sentido de búsqueda de la verdad. En los medios de comunicación también prolifera una literatura malintencionada, disfrazando verdades, y llevándonos por derroteros que acaban en intereses opacos. Que el Señor nos libre de la ambición desmedida de los hombres.

 

Fuentes: European Centre for Disease Prevention and Control / Pharmaceutical prophylaxis and treatment  /  European Medicines Agency (EMA) / THE CONVERSATION / CLINICAL TRIALS.GOV / JOSEP CORBELLA, BARCELONA / LA VANGUARDIA / LAB MEDICA / Organización Mundial de la Salud (OMS) / EURO.WHO.INT / AS. Ana Beatriz Micó

[1] COVAX, iniciativa que alía el interés propio al principio de equidad para no dejar de lado a ningún país. GAVI Alliance, Asociación de Salud Mundial público-privada, creada en 2000.

[2] CEPI Coalición para las Innovaciones en Preparación para las Epidemias, creada en 2017

 

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