Por Modesto Palop, ex Presidente del Colegio de Pastores y Pastor jubilado

Desde el corazón, una reflexión pastoral: ¿atalayas o artificieros?

A mi amada UEBE:

Esta etapa de recién jubilado está siendo muy especial, en el cual tengo mucho tiempo para la reflexión, el autoexamen, la autocrítica y a no regodearme en la autocompasión, la incomprensión ni en el daño que otros me hayan podido hacer en el pasado o las heridas que he de lamerme el resto de mis días. Esto, además de no ser objetivo, es tremendamente peligroso ya que alimenta el ego, el orgullo y la auto conmiseración.

Los tiempos para preparar mensajes, predicaciones, estudios, ahora todos apuntan hacia mi corazón como un bisturí que el Espíritu Santo usa para desnudarlo y examinarlo, para analizar mis fallos, errores y pecados y ponerlos ante Él para confesarlos, arrepentirme y ponerme en su rueda para moldear una vasija que el Señor pueda usar en este nuevo tiempo de jubiloso servicio. Éste está siendo un tiempo de mucha oración, clamor e intercesión por la obra, por la Iglesia del Señor en nuestro país en general y nuestras iglesias bautistas de la UEBE en particular.

Con esta reflexión desde el corazón no quiero levantar ningún dedo acusador hacia nadie en particular (en todo caso hacia mí mismo, como he indicado anteriormente), pero sí haciendo un llamamiento a la reflexión a todos nosotros como creyentes, pastores, ministerios e iglesias que componemos nuestra Unión. El Señor me llevaba a analizar estas dos figuras que comparto, y a preguntarme: «¿Somos atalayas o somos artificieros?»

Atalaya: «Estado o posición desde la que se aprecia bien una verdad; hombre destinado a registrar desde la atalaya y avisar de lo que descubre» (RAE)

Inmediatamente este término nos lleva al libro de Ezequiel 3 y 33. Hemos utilizado estos textos para evangelizar, advertir a los que están sin Cristo y amonestarlos para que se vuelvan al Señor. Y está bien. Pero, recordemos que el contexto y una correcta interpretación nos lleva a ver con claridad que es una amonestación del Señor a Su Pueblo, a una denuncia del pecado, una advertencia a volverse de sus malos caminos y que el atalaya (centinela) los amoneste.

Ello nos habla del deber de vigilar, estar alertas en estos tiempos peligrosos, orar, interceder, hacer o poner guardia para advertir de los peligros. Necesitamos con urgencia hombres y mujeres de oración intercesora, que sean atalayas, centinelas, en favor de la Iglesia del Señor.

Artificiero: «Técnico en el manejo de explosivos; actuar con artificio: disimulo, cautela, doblez» (RAE)

Esta figura ilustra la importancia que estos técnicos tienen en la desactivación de explosivos, entre otras funciones. Es un término que se usa tanto en el aspecto positivo como negativo: desactivar una bomba que puede destruir, o activar explosivos para derribar obstáculos en la construcción de carreteras, extracción de minerales, etc.

¿Por qué estas figuras? ¿Qué tienen que ver con la Iglesia, con los creyentes, con los pastores, con la Unión?

El pensar en si estamos siendo atalayas o artificieros pasa por una profunda reflexión durante estos días, con mucha oración y carga por nuestra UEBE en general y por sus ministerios en particular. Están siendo unos tiempos de mucha confrontación, de polarización, posturas radicalmente opuestas de unos hacia otros, enfados, crispación y dolor que amenazan un serio derrumbe en nuestra Unión. Todos de alguna manera estamos contribuyendo a ello con nuestras actitudes. Doy gracias por los hermanos y hermanas, compañeros y compañeras que sirven al Señor en los distintos ministerios, todos aptos, sin lugar a dudas, pero demasiadas veces con una actitud que deja mucho que desear: falta de reconocimiento y de respeto a y hacia los que nos presiden y amonestan en el Señor, luchas de egos, ansias de poder y de figurar, chismes, calumnias y confrontación de espíritu. Todo esto trae desgaste emocional, cansancio, ganas de arrojar la toalla, y lo que es peor, entristece el corazón de nuestro Dios.

Nos preguntamos por qué dimiten los que nos presiden. ¿Seguro que es porque quieren? ¿Están agotados porque llevan mucha carga? ¿Porque son inmaduros? ¿Porque no valen, o no tenían que haber sido designados, o elegidos? ¿Nos hemos preguntado alguna vez si es por mi culpa, por mis actitudes, porque no hay quien pueda trabajar conmigo, porque soy arrogante, orgulloso, soberbio, porque estoy haciendo la función de un artificiero? ¿Que en lugar de minar el campo enemigo (Efesios 6:10-18), estoy poniendo explosivos en los que me presiden en los distintos ministerios de la Unión, para que caigan, se cansen, dimitan, no me hagan sombra, o para que yo pueda ocupar ese cargo que hace tiempo deseo y para el cual no me nominan o eligen?

Desde luego, con esta actitud no avanzaremos nunca y viviremos en una guerra interna, enfrascados en conflictos permanentes, con un campo (ministerio) minado de críticas, chismes, acusaciones y reacciones impropias de discípulos del Divino Maestro, y menos de siervos y siervas del Buen Pastor. Solo hay que ir poniendo barrenos y esperar a que exploten, caiga quien caiga, dimita quien dimita. ¿Estoy siendo un artificiero en este aspecto, o contribuyo para edificar en vez de destruir, a vigilar y a hacer vallado en lugar de criticar, murmurar y poner palos en la rueda?

Es tiempo, mis amados hermanos, especialmente compañeros y compañeras de ministerio, responsables de ministerios y departamentos de nuestra Unión, de que seamos atalayas, centinelas, personas que vigilan, que oran por nuestra Unión, por nuestros Oficiales, por los miembros de la Junta y los ministerios, que oran por nuestros pastores (colegiados y no colegiados) y por las iglesias. Nuestros miembros lo notarán y lo agradecerán; las iglesias serán fortalecidas y nuestra Unión también. Nuestros pastores estarán más unidos, lejos de menospreciarnos unos a otros, y contribuiremos todos a hacer iglesias sanas y fuertes con ministerios ungidos y transformadores. Hacen falta hermanos siervos (término genérico), que sean leales y que oren, alienten, fortalezcan, sean atalayas y vigilen y clamen por la obra que Dios ha puesto en nuestras manos.

En resumen, mis amados, y dicho con todo respeto y consideración hacia todos: necesitamos personas, hombres y mujeres de oración, que se levanten y hagan vallado en favor de los que nos sirven, y que no minen ni pongan explosivos destructivos en la línea de flotación de nuestra Unión. Esto nos afecta y merma a todos. Seamos mansos y humildes, y examinemos nuestras actitudes, que son igualmente importantes como nuestras aptitudes, que de esto tenemos más que de sobra. De lo primero, dejo, dejamos mucho que desear.

Dios os bendiga.

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