Skip to main content

Por Samuel Escobar, profesor en seminarios bautistas en España y las Américas

En este domingo 26 de abril he dedicado un par de horas de la mañana al culto a Dios y al esfuerzo por escuchar su voz, sentirme parte de su pueblo en mi iglesia local, y todo ello por medio de la tecnología que hace posible la comunicación virtual. Esta vez han sido el canal 9 de televisión valenciana y YouTube los instrumento que Dios ha usado para mi alimento espiritual y mi reflexión.

Antes de ver el programa evangélico con el cual contamos ahora en la TV alcancé a ver parte de la misa católica en un templo vacío donde tres sacerdotes condujeron la ceremonia. Como siempre, el momento de consagración del pan y del vino fue el momento en que se escucha el texto bíblico mismo, sin agregados contextuales del presente. Para quienes somos, evangélicos esas palabras consagratorias de Jesús son conmovedoras, especialmente si recordamos las circunstancias en que fueron pronunciadas en el texto bíblico. Eso sí, no creemos que, pronunciadas hoy, aunque las diga un sacerdote ordenado, tienen poder milagroso para transformar los símbolos. Tampoco podemos compartir la referencia a la Virgen María en un momento de la ceremonia.

El programa evangélico fue emitido en valenciano y por momentos también en castellano. Con una estructura muy propia de la TV actual el ritmo es dinámico y desde la perspectiva de mi generación casi sería un ritmo nervioso. El programa ha incluido participación entusiasta y comunicativa de un obrero cristiano como Alex Sampedro, pero también de personas del pueblo evangélico, lo que llamamos laicos.

Pude ver también el culto dominical de mi iglesia en YouTube e hice un esfuerzo por escuchar con los oídos y el corazón, y resultó un momento rico y conmovedor. Me gustó el hecho de que además de la dirección y las palabras de nuestro pastor Pau Grau, pudimos escuchar participaciones musicales y dramáticas por un buen grupo de hermanos y hermanas, incluyendo lecturas y saludos por algunos niños.

El mensaje central lo expuso Lola Sánchez quien hizo referencia a la experiencia de Job que se resume en esa frase que algunos aprendimos de memoria desde la niñez: «Yo sé que mi redentor vive». La exposición fue magistral: hizo referencia a todo el libro de Job y su diálogo con sus amigos. Expuso sintéticamente el libro, mostrando la riqueza de un texto milenario que adquiere validez y actualidad profundas en los momentos que nos toca vivir. En determinados instantes pudimos también contemplar un par de cuadros de la pintura clásica que comunican la fuerza dramática del texto bíblico.

De nuevo la reflexión me trae a un tema que me viene dando vueltas en la cabeza hace algún tiempo. En el momento de la Reforma en el siglo XVI, los reformadores como Lutero y Calvino escribieron catecismos, explicaciones sencillas de la fe cristiana. Buscaban la comprensión del mensaje. En cambio, desde la Iglesia Católica se dio el fomento de las artes, obras que llevasen al pueblo a la contemplación.  Creo que los protestantes necesitamos también aprender a valorar la contemplación, pero eso sí, para la mejor comprensión del mensaje divino lo cual supone una disposición a la obediencia. Hay mucho más que decir sobre este tema.

 

Leave a Reply

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, haga clic en el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies