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Por Emilio José Cobo, Pastor IEB Carlet y Director Ministerio de Juventud UEBE

Texto bíblico: Proverbios 13:16-20 

Todo hombre prudente procede con sabiduría;
el necio manifiesta su necedad.
 El mal mensajero acarrea desgracia;
el mensajero fiel acarrea salud.
 Pobreza y vergüenza tendrá el que menosprecia el consejo,
pero el que acepta la corrección recibirá honra.
 El deseo cumplido regocija el alma;
apartarse del mal es abominable para los necios.
 El que anda entre sabios será sabio,
pero el que se junta con necios saldrá mal parado.

Todos hemos sido víctimas de alguna que otra relación tóxica. En la búsqueda de relaciones de amistad solemos apuntar al blanco de nuestros íntimos deseos, y fallamos el tiro, involucrándonos en relaciones peligrosas. Podemos hablar de más de una persona que iba a convertirse en una relación relevante para nosotros, y que más tarde, hemos podido comprobar cómo nos ha dejado en la estacada, nos ha engañado o ha sido desleal con el compromiso adquirido.

Seguro que te has topado alguna vez con esa persona que, en principio parece amigable, pero que no tarda en desvelar sus intenciones de manipulación sicológica, induciéndote de forma astuta un sentimiento de inferioridad. Seguro que te has encontrado con individuos que, con el encanto que destilan, poco a poco se aprovechan escandalosamente de ti, de tu tiempo, de tus recursos y de tus ideas. Seguro que te has juntado con personajes que tienen vidas realmente disfuncionales, abonados a la locura y la imprudencia, enganchados a alguna sustancia estupefaciente o a algún vicio inconfesable, que te transmiten esa falta de control que desgobierna sus vidas. Seguro que has conocido a personas ultra críticas con todo lo que haces y que intentan que seas quienes ellos quieren que seas. ¿Me equivoco?

Las compañías son un elemento fundamental para la construcción del carácter y de los valores morales en el adolescente y el joven. Por eso, cuando hablamos de aquellos que se encuentran en nuestro círculo más íntimo de relaciones, estamos hablando de lo que somos a causa de ellos, de lo que seríamos sin ellos, y de lo que nos gustaría ser a pesar de ellos. La influencia que promueven los afectos personales y sociales tienen su mayor contribución en el desarrollo de los adolescentes y jóvenes. Según sean sus cuadrillas, así serán ellos si no tienen el suficiente sentido común para no dejarse embaucar por la presión de grupo.

Salomón quiere hablar al corazón del joven que anhela trabar relaciones con el fin de descubrir el auténtico valor de la amistad y de la pertenencia social. Las compañías deben escogerse con buen juicio. Podríamos asegurar que las asociaciones tóxicas solo procuran dolor, miseria y pobreza integral. De ahí que el sabio nos indique la gran diferencia que existe entre tener una relación beneficiosa y empeñarse en una relación perjudicial y mortal de necesidad.

  1. Amigos con carácter

La primera característica que distingue la buena compañía de la tóxica radica en el carácter de la persona y en el camino que ha escogido en la vida. Si te relacionas con una persona prudente y sensata, no cabe duda de que te contagiarás de esta visión vital, persiguiendo el bien en todos los ámbitos de la existencia, y gozando del favor de Dios. Tener amigos sensatos te aportará consejos repletos de sabiduría, te ayudará a considerar cualquier situación con una mente abierta y una perspicacia que te evitará más de un quebradero de cabeza.

  1. Amigos con principios

Otra característica es la clase de moralidad que cada persona aporta. Empleando la figura de dos mensajeros, responsables de llevar consigo tanto buenas como malas noticias, informaciones cruciales para batallas igualadas o instrucciones oportunas para la resolución de pactos, Salomón nos ayuda a entender qué se puede esperar de cada uno de ellos.

Para ser un buen mensajero, era preciso que la integridad, la seriedad y la preparación disciplinada fuesen factores nucleares en el correcto desempeño de su función. El mensajero fiel a su mensaje sabe cómo transmitirlo en tiempo y forma, logrando una claridad y una simplicidad enormemente necesarias para cualquier conexión humana. El bienestar del receptor es siempre el objetivo del amigo que no esconde la verdad, pero que la comunica con sensatez y delicadeza.

  1. Amigos consejeros

Añadida a éstas está la de saber acoger el consejo del amigo. Si tu amigo es sabio y comprueba que necesitas ser asesorado sobre ciertos asuntos, sobre todo para que te vaya bien en la vida, y para demostrarte su estima y cariño, aceptarás de buen grado sus palabras. Si ocurre lo mismo en el sentido contrario, miel sobre hojuelas. No existe cosa más hermosa que dos personas corrigiéndose mutuamente sin reproches ni quejas. Al final, el resultado será una relación más sincera, más respetuosa y más resistente en el tiempo.

  1. Amigos que se cuidan mutuamente

Otro factor tiene que ver con la valoración que se hace de lo que afecta positivamente a la comunidad y a la relación. Si el deseo de nuestra amistad es la de beneficiarnos con su compañía y ayuda, la alegría es cosa hecha. La felicidad puede constatarse en aquellas relaciones en las que las partes velan la una por la otra, en la que se comparte el gozo de uno, en la que se llora y se ríe con un mismo corazón, en la que la empatía se superpone al egocentrismo individual.

  1. Amigos tóxicos

Por último, es necesario avisar de las consecuencias que aguardan, tanto a aquellos que ansían acompañar a personas sabias, como a aquellos que escogen rodearse de granujas. En mi casa siempre se dijo que se pega todo menos la hermosura. No hay nada más cierto. Lo fácil y más seductor es juntarse con individuos rebeldes, desobedientes con la autoridad y recalcitrantes. Lo vemos todos los días, ahora con lo de la pandemia. El botellón, las fiestas clandestinas, los malos modos, la falta de sensibilidad social y la canallesca se reúnen sin rubor en torno a esta clase de personas. No les importa el bien común, no se muestran solidarios, desafían las leyes y las normas de convivencia, y se ríen a carcajadas de la salud ajena.

«Dime con quién andas, y te diré quién eres», reza el famoso refrán castellano. Aunque no debemos generalizar sobre asuntos de compañías, sin embargo, sí podemos y debemos ser conscientes de los beneficios y de los riesgos que pueden entrañar las compañías que frecuentamos. Lo más sencillo del mundo para un adolescente o un joven es sucumbir ante la presión de grupo, ante la prueba de fuego que permita al chico o a la chica pertenecer como miembro de pleno derecho de la cuadrilla de turno.

 

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